17 February 2021

A Hermit or not a Hermit: That is the Question

 

Stranger in the Woods

El tercero en mi serie de libros sobre personas que se internaron en el bosque para alejarse de la sociedad es “The Stranger in the Woods, The Extraordinary Story of the Last True Hermit”, del periodista Michael Finkel. El libro cuenta la historia de Christopher Knight, un hombre que abandonó todo para establecerse en un bosque en el estado de Maine en los Estados Unidos donde pasó 27 años completamente solo.


El relato empieza con una escena digna de una película de acción, en la que Knight se mete a robar comida a un campamento en plena madrugada. Solo que la policía local le sigue la pista y si hasta ahora Knight había logrado escaparse sin dejar ningún rastro, esa noche la suerte se le acaba. La policía lo captura, lo arresta y lo encarcela, terminando al fin el misterio detrás de múltiples robos cometidos en la localidad desde hace muchos años.


El ladrón ermitaño se había convertido en una leyenda/celebridad local, en el sentido que todo mundo sabía de su existencia o había sido víctima de sus sigilosos robos de provisiones, ropa, colchones, baterías, botellas de gas y hasta libros. Nadie nunca lo había visto, todos los intentos por atraparlo in fraganti habían fallado y los vecinos estaban más o menos traumatizados por ver algunas de sus cosas desaparecer aleatoriamente. En una época, algunas personas hasta dejaban comida o libros fuera de sus casas de manera a que el ermitaño las tomara y dejara de robar, sin ningún éxito.


La captura del ermitaño fue una hazaña, pero lo que más impactó a las autoridades, a los vecinos o a la prensa fue el hecho que Knight pudiera sobrevivir por 27 años los inclementes inviernos del bosque del norte de los Estados Unidos, no tan lejos de la frontera con Canadá, viviendo en una tienda de campaña y sin nunca encender un fuego, para no correr el riesgo que lo encontraran.


La noticia se volvió entonces muy popular y fue así como Michael Finkel, el autor del libro, supo de la existencia de Knight. Lo que más le intrigó al periodista fue que Knight pasara 27 años sin necesitar ningún tipo de interacción, desde el punto de vista logístico como emocional, con otro ser humano. Finkel le envió una carta a Knight a la cárcel y curiosamente, éste le respondió. Intercambiaron un poco por correspondencia, hasta que Finkel decidió ir a conocer al ermitaño en persona. Knight no estaba muy contento de recibirlo, pero aceptó discutir con él. Se vieron algunas veces y fue así como Finkel pudo tratar de reconstituir la historia del ermitaño.


El libro es un intento flagrante de recrear “Into the Wild” de Jon Krakauer, que de hecho Finkel cita como una fuente, al trazar el retrato detallado de un individuo que rechaza radicalmente la sociedad y de situarlo en un contexto histórico y filosófico. Pero Christopher Knight está lejos de tener las aspiraciones filosóficas o espirituales de Henry David Thoreau o de Christopher McCandless, ni las capacidades de supervivencia o los anhelos de una nueva sociedad de Eustace Conway. Christopher Knight no se internó en el bosque porque rechazaba la sociedad capitalista o porque quería entender lo esencial de la existencia. Knight no aspiraba a nada, no buscaba nada, simplemente quería vivir solo y tranquilo. Finkel incluso se pregunta si Knight no entra en el espectro autista y hasta consulta a varios especialistas que afirman que es muy probable, pero que sin diagnóstico oficial no se puede decir nada.  


Finkel hace un trabajo decente al comparar a Knight con ermitaños de varias religiones que eran considerados sabios. Y subraya que la mayoría de ellos no vivían totalmente aislados. Por el contrario, siempre necesitaban a alguien que los ayudara con aspectos de la vida diaria como la comida y recibían visitas de vez en cuando. Finkel se pregunta entonces si Knight puede ser considerado como un verdadero ermitaño porque, aunque no interactuaba con nadie, su aislamiento dependía completamente de su cercanía con la civilización. En efecto, Knight obtenía toda su comida, su ropa, su material y su entretenimiento robando a sus vecinos. Que era muy cuidadoso, que no robaba casas que estuvieran ocupadas, que no se llevaba artículos de mucho valor, cierto, Knight tenía un código ético. Pero si puedo entender que no estuviera impulsado por ningún anhelo intelectual, me cuesta aceptar que no fuera autosuficiente. Puedo entender el querer vivir en total autonomía, el buscar una alternativa a la vida basada en el trabajo cotidiano, pero no el aprovecharse de la gente sin dar nada a cambio.


Me sentí muy frustrada al terminar el libro. Knight me pareció antipático y vacío y el autor me pareció intrusivo al insistir en meterse en la vida de Knight y en preocuparse tanto por él. Pero mi opinión cambió un poco al pasar los días, en especial al ver cómo terminó el supuesto ermitaño, regresando a vivir con su mamá, obligado por un juez a trabajar para su hermano, yendo a reportarse semanalmente a la policía para asegurarse que no se iba a volver a escapar de nuevo. Es como si la sociedad lo hubiera castigado por intentar vivir según sus propias reglas y como si nos advirtiera a todos que no hay alternativa, que tenemos que vivir así. Pobre ermitaño y pobres nosotros también.   



The third in my series of books on people who went to live in the woods to escape society is “The Stranger in the Woods, The Extraordinary Story of the Last True Hermit” from journalist Michael Finkel. The book tells the story of Christopher Knight, a man who left everything to settle in a forest in the state of Maine in the US, where he spent 27 years completely alone.


The story begins with a scene worthy of an action movie, in which Knight breaks into a camping site in the middle of the night to steal food. Only the local police have been following him and until then Knight had managed to escape without leaving a trace, but that night his luck ran out. The police capture him, arrest him and put him in prison, finally ending the mystery behind the multiple burglaries that had been taking place in the community for years.


The hermit burglar had become a local legend/celebrity, in the sense that everyone knew he existed or had been a victim of his stealth burglaries of food, clothes, mattresses, batteries, gas bottles and even books. No one had seen him, all attempts to caught him had failed and the neighbors were more or less traumatized of seeing their stuff randomly disappear. At some point, many of them left food and books outside of their houses so that the hermit would take them and would not steal, but without any success.


Capturing the hermit was a feat in itself, but the authorities, the neighbors and the press were mostly shocked by the fact that Knight managed to live for 27 years the harsh winters of the northern forests of the United States, not far away from the Canadian border, by living inside a tent and by never turning on a fire, so as not to get caught.


The news became very popular and that is how Michael Finkel, the book’s author, learned about Knight. Finkel has intrigued mostly by Knight spending 27 years not needing any interaction whatsoever, be it logistical or emotional, with another human being. Finkel wrote a letter to Knight who was in jail and curiously, the latter answered. They exchanged a bit by correspondence, until Finkel decided to meet the hermit in person. Knight was not particularly happy to see him, but agreed to speak to him. They met a few times and that is how Finkel managed to trace the history of the hermit.


The book is a flagrant attempt to recreate “Into the Wild” by Jon Krakauer, whom Finkel cites as a source, by sketching the detailed portrait of an individual who radically rejects society and by placing him in a historical and philosophical context. However, Christopher Knight by no means has Henry David Thoreau’s or Christopher McCandless’ philosophical or spiritual aspirations, nor Eustace Conway’s survival skills nor his desire for a new society. Christopher Knight did not settle in the woods because he rejected capitalist society or because he wanted to understand the essence of existence. Actually, Knight did not aspire to anything, he was not looking for something, he just wanted to peacefully live by himself. Finkel even wonders if Knight does not fall into the autism spectrum and goes so far as to consult many specialists who claim that it is highly likely the case, but without an official diagnosis this cannot be confirmed.


Finkel does a decent work by comparing Knight to hermits from various religions who were considered wise. And he highlights that most of them did not live in total isolation. On the contrary, they always needed someone to help them with daily matters such as food and received visits from time to time. Finkel thus debates on whether Knight could be considered a true hermit because, even though he did not interact with anyone, his isolation depended entirely on his proximity to civilization. Indeed, Knight obtained all his food, clothes, material and entertainment by stealing from his neighbors. That he was very careful, that he did not steal from occupied houses, that he did not take objects that were too expensive, granted, Knight had an ethical code. But even though I can understand that Knight had no intellectual impulse, I find it hard to accept that he was not self-sufficient. I can understand wanting to live in total autonomy, searching for an alternative to life based on daily work, but I cannot condone taking advantage of people without giving something in return.


I felt very frustrated when I finished the book. I found Knight to be unpleasant and empty and I found the author quite intrusive as he attempted to meddle in Knight’s life and worried so much about him. But as the days went by I somewhat changed my mind, especially seeing as how the so-called hermit ended up, returning to live with his mother, forced by a judge to work for his brother, reporting every week to the police to make sure he was not going to escape once again. It is as if society was punishing him for trying to live according to his own rules and as if it was warning us all that there is no alternative, we must live like this. Poor hermit and poor us as well.


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