18 December 2011

Antichrist

(No leer si no se ha visto la película, doy muchos detalles de lo que ocurre en ella.)

“Antichrist” es la historia de una pareja que debe enfrentar el mayor sufrimiento, la muerte de su hijo, y sobre cómo deciden lidiar con ese sufrimiento. La mujer entra en una depresión y el esposo, que es un terapeuta, empieza a tratar a su mujer, contra toda recomendación clínica. En sus sesiones, intercaladas con las escenas de sexo más tristes y perturbadoras que he visto en mucho tiempo (y acabo de ver “Shame”), empiezan a salir a flote todos los reclamos, resentimientos y amarguras de la relación, especialmente los de la mujer hacia su marido. El esposo tiene la teoría de que la única forma que su mujer supere su dolor y que puedan seguir con su vida es que ella desentierre de su inconsciente sus más profundos miedos y los enfrente. Es por eso que a medida que comienzan a manifestarse su ansiedad por los bosques, por el demonio y por ella misma, él hace de su misión ponerla directamente en contacto con todo aquello de lo que ella quiere escapar.

Considerando esta situación, me dije que el esposo debió haber llevado a su mujer a un hotel de lujo en el Caribe, donde se encontraran solos en una cabaña de madera con amplios ventanales. No hay sufrimiento que pueda resistir el calor del sol y una Piña colada. Pero esa es sólo la sugerencia de alguien que no ha visto el sol en más de dos semanas. Y en lugar de esto, ese hombre decide llevar a su mujer a una cabaña horrible, donde cada noche cae una lluvia de semillas que hace un ruido infernal y que está repleta de textos e imágenes de la tesis de la mujer, un tratado sobre los femicidios en la historia. Me pareció absurdo, innecesariamente cruel y sádico, aún para ser una película de Lars von Trier. Semanas después del suceso continuaban repasándolo y reviviéndolo, tratando nuevas formas de remplazar el dolor con intentos de placer carnal, dolor físico, experimentos psicológicos y razonamientos intelectuales. Creía que era hasta ridículo torturarse intencionalmente así.

Y en menos de unas cuantas horas de sucesos extraordinarios, encontré un mensaje en la película. Es sobre cómo, a la luz del más grande dolor que se pueda imaginar, el único verdadero camino para superarlo es sumergirse en él. No negociar con él, no intentar cambiarlo, sino ahogarse completamente, dejarse devorar, rendirse sin condiciones, hasta que incendie todo lo que alguna vez existió y se pueda comenzar de nuevo. La película es sobre ver las cosas de frente, o mejor dicho, sobre los riesgos que se corren cuando se decide esconder la verdad en nombre de la diplomacia o de la buena educación. No decir lo que se siente, no querer reconocer la situación y creer que con el tiempo se va a esfumar y resolver por sí misma sólo aumenta su carga emocional y su potencial para hacer aún más daño de lo que podría en un inicio. Hubiera querido tener un terapeuta que me agarrara y me dijera que no podía continuar así, que tenía que decirle a la gente lo que no me atrevía a decirles. Que así como tomo responsabilidad por mis acciones tenía que hacerlo por mis sentimientos porque estos son acciones en potencia esperando un desliz, un poco de alcohol o cualquier detonante externo para manifestarse. Probablemente le hubiera hecho al terapeuta lo mismo que la mujer le hizo a su esposo: pegarle a su miembro con un bloque de madera, atravesarle por la pierna una vara metálica sosteniendo una pesada rueda para que no se escape, ahogarlo bajo tierra y pegarle con una pala, para después tratar de acostarme con él. Pero por lo menos me hubiera ahorrado muchas situaciones incómodas. Sin embargo, con toda honestidad, los sufrimientos, por más grandes que sean, se superan y tarde o temprano sale el sol, así como el día de hoy.


(Avoid reading if you have not seen the movie. Spoilers ahead.)

“Antichrist” is the story of a couple who face the greatest suffering, the death of their son, and how they decided to deal with that pain. The woman falls into a depression and the husband, who’s a therapist, starts treating her, against all medical recommendation. In their sessions, alternated with some of the saddest and disturbing sex scenes that I’ve seen (and note that I’ve just seen “Shame”), emerge all these complaints, resentments and bitterness about their relationship, especially from the woman’s side. The husband has a theory that the only way for his wife to overcome pain and be able to move on with her life is to unearth from her unconscious her deepest fears and confront them. It’s because of this that through the manifestation of her anxiety over the woods, the demon and herself, the husband takes on the mission to place her directly in contact of everything from which she tries to escape.

Considering this situation, I told myself that the husband should’ve taken his wife to a luxurious hotel on the Caribbean, where they could be alone in a wooden cabin with huge windows. There is no suffering that could resist the warmth of the sun and a Piña Colada; but that’s only a suggestion from someone that hasn’t seen the sun in 2 weeks. Instead of this, the husband takes his wife to a horrible cabin in the woods, where every night is raining acorns from nearby trees which make a infernal sound on the roof, and that’s filled with texts and images from the woman’s thesis, a treaty on femicides throughout history. I thought it was absurd, unnecessarily cruel and sadistic, even for a Lars von Trier movie. Weeks after the event, they continued thinking and reliving it, looking for new ways to replace the pain with attempts of carnal pleasure, physical pain, psychological experiments and intellectual reasoning. I thought it was ridiculous to intentionally torture yourself this way.

And just in a matter of a few hours of extraordinary events, I understood the message of the movie. It’s about how, under the light of the biggest pain one can think about, the only real way to deal with it’s for one to delve deeply into the pain itself. No negotiating with it, no trying to change it, but completely drown in it, allow yourself to be devoured by it, surrender unconditionally, until everything that once existed is blazed by a burning pyre and you can start all over again. The movie is about dealing with things head on, or better yet, about the risks that one could take when it’s decided to hide the truth for the sake of diplomacy or good education. Not saying what one feels, not wanting to recognize the situation and believing that with time it will go away and be dealt with by itself only feeds the emotional burden and the potential of dealing more damage than it could’ve been in the beginning. I wished I had a therapist that would’ve taken me and told me that I couldn’t continue this way, that I had to tell people what I never dared to tell them. That just as I take responsibility for my actions I also had to do it for my feelings because they are potential actions waiting for a slip, a bit of alcohol or any other external event to manifest. Probably I would’ve done the same to the therapist as the women did to her husband: hit his private parts with a log, puncture his leg with a metal bar that holds a grinding stone for him not to escape, bury him underground and hit him with a shovel, to later sleep with him. But at least I would’ve saved myself from many awkward situations. Although, being extremely honest, the suffering, as big as it might be, is overcome and sooner or later the sun comes out, just as today.

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