30 December 2011

Enriquezca su vocabulario

Los idiomas son estas entidades vivientes que se enriquecen con los aportes de los que las utilizamos. Estas son algunas de mis contribuciones más significativas a esta noble lengua que es el castellano y que son producto de años de reflexión, prueba y error y un contexto donde han encontrado resonancia. Esperamos que en un futuro cercano sean favorecidos con el auge y popularidad que merecen.

Pedazo de papa/Papa vieja. Insulto vintage que remonta a mis años de colegio. Aplicable para personas que no son particularmente brillantes, pero no necesariamente mal intencionadas. Igualmente utilizable para objetos que deciden rebelarse o desobedecer a su dueño, en específico computadoras, televisores o en años recientes, teléfonos portátiles.

Pixin. Aquí voy a entrar a territorio controversial, ya que me atribuyo la autoría de esta palabra que designa, en nuestra época eminentemente digital, algo muy chiquito, aún más pequeño que un pixel. Sin embargo, un día en clases de Topografía en la universidad, el ingeniero nos estaba enseñando a regular el teodolito y dijo algo como que si girábamos una perilla por un “pixin” los resultados cambiaban. No recuerdo nada de esa clase –ni siquiera cómo regular un teodolito- pero recuerdo la indignación que sentí cuando supe que me habían robado mi palabra. Ahora que lo pienso, probablemente se hizo tan popular que hasta llegó a las esferas ingenieriles. O tal vez la leí en algún lado… Consecuencias de tener memoria de pollo.

Velocidad del rayo. Acaban de llamar a mi atención que yo utilizo esta expresión únicamente para designar cosas desesperadamente lentas. Como cuando se tiene prisa por obtener algún documento y la secretaria que está en potestad de otorgarlo no interrumpe su conversación telefónica. Designa igualmente la velocidad del internet en residencias estudiantiles, la duración de los partidos de cualquier deporte o del tiempo de espera en los restaurantes cuando se tiene mucha hambre.

Huele a rayos/huele a cuernos. La descripción de olores es una rama muy específica dentro de la construcción de una lengua y obedece a reglas poéticas y misteriosas que sólo han sido perfeccionadas por los vendedores de perfumes. Pero, ¿qué hay de todos esos olores desagradables y nauseabundos que deben describirse más allá de lo conocido, para los que se debe inventar una nueva terminología? Probablemente nadie haya olido un cuerno o un rayo, pero es igualmente probable que nadie haya olido los tufos que estas dos expresiones quieren describir.

Hijo del rábano. Cuando los filólogos del futuro traten de entender cómo fue que los rábanos empezaron a tener connotaciones negativas en nuestra cultura, sus investigaciones los conducirán hasta este momento. Es cierto, el rábano es rosado por fuera, blanco por dentro y por ende muestra una cara exterior diferente a lo que siente por dentro (análisis extrapolado de los que se hacían en la Edad Media para los animales) y es picante al gusto, con todos los simbolismos que eso conlleva. Pero sobre todo es una palabra que suena perfecta para insultar a alguien.

Zoquetongo. Esta es una adaptación de la palabra “zoquete” una de mis favoritas de toda la lengua española. Tanto es así que cuando estaba muy pequeña bauticé el nombre del efímero pero significativo grupo de rock que formamos con mi hermanito (una versión de percusión experimental de The Carpenters) “los Zoquetes”. Plagié esa palabra de un corto de dibujos animados donde un ratón engañaba a un gato y lo llamaba así. Me dije que seguramente era un insulto, pero ese uso de la letra “z” merecía por sí sólo que se amplíe el contexto de esa palabra. Pero hay que decir que parecíamos zoquetes con mi hermano, tocando con ollas y cascos de baseball. Zoquetongo es mi insulto de preferencia en la actualidad.

Me lleva la banana. Frase que se dice en el contexto de un evento negativo, especialmente si uno siente que está siendo arrastrado por una corriente de mala suerte sobre una de esas bananas inflables que se usan en las playas. Ahora, sólo hay que imaginarse subido en una de esas, pero en un río caudaloso. No ha de ser nada agradable.

Chinche. La historia de esta expresión remonta a una epidemia de chinches picudas (Triatoma dimidiata y Rhodnius prolixus en Honduras y Triatoma infestans en Sudamérica –gracias comentarista anónimo!) en mi colonia hace varios años. Resulta que cuando estaba pequeña había muchos solares baldíos por donde vivía y estos eran los lugares de predilección de estos insectos. Un día nos vinieron a dejar a la casa un folleto, horriblemente ilustrado, donde describían a las chinches, las enfermedades que producen y cómo se deben combatir. Leí el panfleto tantas veces y quedé tan marcada por los dibujos que hasta el día de hoy no he podido borrarlos de mi memoria. Por muchos años tuve miedo de encontrarme con una y dormía con la paranoia de que una me picara por la noche. Chinches también se les llaman a los minúsculos insectos que viven cerca de las camas de lugares de higiene dudosa, como un albergue donde acabo de quedarme hace poco en París y donde maté un animalito que quedó tan aplastado que no pude confirmar su identidad. Chinche es entonces una palabra de alta connotación negativa, utilizada principalmente en su forma exclamativa y según Herminio cuando quiere burlarse de mí, con una prolongación de sus vocales.

Addendum:

Ahora que mis amigos se dan cuenta de mis intenciones de revolucionar la lengua española, se han dado cuenta de mi uso frecuente de estas dos expresiones:

Zoroilo. Antes de “zoquetongo” la palabra de moda era zoroilo. Imagino que existe una predilección por los insultos con la letra “z” porque es una letra tan poco usada, que contrasta maravillosamente con la enorme cantidad de zoroilos, zoquetes y zoquetongos que existen en el mundo.

El año del cacahuate. Cuando algo está muy alejado en el tiempo, cuando data de tiempos ancestrales, en los que la memoria falla, los archivos no existen y los testimonios que han sobrevivido son poco fiables, es que es del año del cacahuate.


Languages are these living entities that are enriched by the contributions of those of us who use them. These are some of my most significant inventions, originally meant to be used is Spanish, but now that I think of it, they could be quite catchy in English as well. After all, they are the result of years of reflection, trial and error and a context where they have found resonance. We hope that in a near future they are favored with the success and popularity they deserve.

Translations are made literally for humoristic effects.

Potato piece/Old potato. Vintage insult from my high school years. Used for people who are not particularly bright but that don’t necessarily have bad intentions. Can be used as well for objects who decide to rebel themselves or disobey their owners, specifically computers, TVs or in much recent years, mobile phones.

“Pixin”. Here I enter controversial ground, because I attribute myself the ownership of this word that designates, in our eminently digital time, something very small, even smaller than a pixel. However, one day in Topography class in college, the professor was teaching us how to calibrate the theodolite and said something like if we turn this nod for just a “pixin” the results would change. I don’t remember anything from that class –not even how to calibrate a theodolite- but I remember the outrage I felt when I found out my word got stolen. Years after the incident, I tell myself that maybe the word got so popular it even reached academic spheres. But maybe I just read it somewhere… Those are the consequences of having a chicken memory.

Speed of lightning. It has just been brought to my attention that I only use this expression to designate painfully slow events. Like when you are in a rush to get some document and the secretary who can give it to you won’t interrupt her conversation on the phone. It designates as well internet connection speed in student residences, the length of any type of sports match and the waiting time in restaurants when you are really hungry.

Smells like lightning/Smells like horns. Odor description is a very specific branch in the construction of a language and it obeys to poetic and mysterious rules that have only been mastered by perfume retailers. But, what about all of those disgusting and nauseating smells that have to be described beyond what is known and need new terms for them? Maybe no one has smelled a horn or a lightning yet, but it’s equally plausible that no one has smelled the stinks that these two expressions are meant to describe.

Son of the radish. When philologists of the future try to understand why is it that radishes began having negative connotations in our culture, their research will drive them to this point in time. True, a radish is pink on the outside and white on the inside and thus shows to the outside world a different face from what it feels on the inside (analysis extrapolated from the ones they did on animals during Medieval times) and it tastes spicy, with all the symbolisms it implicates. But above all, it’s a perfect word to insult someone.

“Zoquetongo”. This is adaptation of the word “Zoquete” in Spanish, one of my favorite ones in the whole language. I like it so much that when I was little I baptized the ephemeral but significant rock group my little brother and I had (an experimental percussion version of The Carpenters) as “The Zoquetes”. I stole that word from an animated short where a mouse fooled a cat and called it by that word. I said to myself that it surely was an insult but that use of the “z” letter in itself justified its use in a broader context. But it should be said that we looked like “zoquetes” with my brother, banging on pans and baseball helmets. “Zoquetongo” is my current favorite curse-word.

I’m being carried away by the banana. Sentence uttered in the context of a negative event, especially when you feel you are being dragged down by a current of bad luck in one of those inflatable bananas meant to be used in the beach. Now, just picture yourself on one of them but down a dangerous rapid. It must not be very nice.

“Chinche” (kissing bug). The story of this expression dates from a kissing bugs (Triatoma dimidiata y Rhodnius prolixus in Honduras y Triatoma infestans in South America –thank you anonymous reader!-) epidemic in my neighborhood many years ago. Turns out that when I was little there were many empty lots near my house and those were the favorite hang-out spots of these insects. One day someone came to give us a pamphlet, horribly illustrated, where they described kissing bugs, the illnesses they transmit and how to prevent them. I read the pamphlet so many times and I was so traumatized by the drawings that even today I can’t get them out of my head. For many years I was afraid of running into one and I slept with the paranoia that I would be stung by one at night. Bedbugs, of the same family of kissing bugs, are these tiny insects that live near the beds of places of suspicious hygiene, such as this hostel I recently stayed in Paris, where I killed a little creature that was so smashed I couldn’t confirm its identity. “Chinche” has then a highly negative connotation, used mainly in its exclamation form and according to Herminio when he wants to mock me, with a prolongation of its vocals.

Addendum:

Now that my friends have become aware of my intentions to start a revolution on the Spanish language, they have noticed my frequent use of these two expressions:

“Zoroilo”. Before “zoquetongo” the popular word was “zoroilo”. I guess there is a penchant for insults with the “z” letter, so seldom used, that contrasts beautifully with the enormous amount of zoroilos, zoquetes and zoquetongos there are in the word.

The year of the peanut. When something is set far away in time, when it dates from ancient times where memory fail, archives do not exist and remaining testimonies are unreliable, is that it is from the year of the peanut.

2 comments:

  1. Yo sí he sentido el olor de un cuerno. La historia es la siguiente: una vez me tocó hacer un florero con uno en mi clase de Actividades Prácticas de la escuela y parte del trabajo era hacer un agujero por el cual pasara un clavo para poner el dichoso cuerno en una tablita; obviamente, la única forma de hacerlo sin que se quebrara el cuerno era conseguir un punzón al rojo vivo. Y he de confirmar que no es un olor agradable. -____-

    En cuanto a lo del rayo, una vez cayó uno frente a mi casa. El olor que deja es más a cenizas, como a fogón recién apagado.

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  2. Anonymous7:13 PM

    Me encantan estas expresiones traducidas al ingles!
    Una aclaracion: triatoma dimidiata y rhodnius prolixus son los vectores del Mal de Chagas en Honduras. La triatoma infestans solo se encuentra en Sudamerica (Peru, Bolivia, Argentina).

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