16 May 2012

Si non oscillas, nili tintinare

pornotopia

Que “Playboy” sea un objeto de estudio académico válido e interesante es indiscutible. No dudo que la manera en que ha modificado la relación de la sociedad norteamericana al cuerpo de la mujer ha de ser el núcleo de varias disertaciones de los gender studies. Este es justamente el campo de acción de Beatriz Preciado, una filósofa de origen español, profesora en universidades de París y de Barcelona en historia política del cuerpo y en teoría queer. Lo único es que “Pornotopía”, su tesis de doctorado sobre “Playboy”, presentada en la universidad de Princeton, es en teoría de la arquitectura.


Preciado parte de la premisa que más allá de mostrar mujeres desnudas, “Playboy” es un manifiesto que pretende lograr que el hombre reconquiste el espacio doméstico que la mujer invadió en los años cincuenta. A través de sus artículos sobre el apartamento ideal del soltero y especialmente a través de sus clubs y sus dos mansiones llenas de conejitas, Hugh Hefner dejó su huella en la evolución de la arquitectura masculina. Todo empezó cuando en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial la sociedad norteamericana se convirtió en un episodio de “Mad Men”: las mujeres fueron desplazadas de los puestos de trabajo que tenían durante la guerra y las enviaron a casa, en los suburbios, donde la plétora de nuevos electrodomésticos no las motivaría a volver a salir; los hombres viajaban a diario con sus nuevos carros a sus trabajos en el centro. Y Hefner quería invertir esa tendencia: en primer lugar quería que la residencia ya no estuviera en las afueras de la ciudad, sino en el centro; que la casa se convirtiera en un apartamento y que la mujer ya no fuera la emperatriz de esos dominios, sino sólo una invitada, transitoria y única.


Cuando empecé el libro, una de las primeras preguntas que me hice con respecto a esta tesis fue: ¿cuáles son sus archivos? Después de todo, dudo que Hefner le diera acceso a la mansión. Pero en realidad, no hay mucho sobre Hefner que él mismo no haya filmado o publicado. Las fuentes de Preciado fueron, en primer lugar, las revistas (y es por eso que un hombre cualquiera no hubiera podido hacer esta investigación). La autora decodifica los escenarios en los que se muestran las mujeres, en los primeros años de la revista: en lugares domésticos, ejecutando faenas cotidianas, sólo que sin ropa. Se le dio una atención particular a los artículos, muchos escritos por el editor en persona, sobre cómo debe ser el apartamento de un soltero contemporáneo, cómo debe tecnificar su casa, cómo su cocina -el último bastión de la femineidad tradicional- puede ser adaptada a un hombre que no quiere vivir con una mujer. Preciado básicamente dice que “Playboy” es no sólo un manual de supervivencia y etiqueta, sino que es antes que nada una versión de “Good Housekeeping”, o de “Home and gardens” masculinamente aceptable. Otros documentos de base para la autora son las múltiples biografías y libros, autorizados o no, sobre Hefner y su imperio. Y por último están las múltiples referencias de la escritora, que hacen que esta no sea una transcripción de un “E! True Hollywood Story”. Preciado pone a “Playboy” como una pieza dentro de un paisaje cultural en el que conviven Sade, Ledoux, Le Corbusier y Foucault, por nombrar a algunos.


¿Cuáles son las primeras referencias de Hefner para construir su mansión? Muy parecidas a los proyectos de Mies van der Rohe y de Le Corbusier. ¿Cómo está estructurada su primera mansión en Chicago? Según una organización que Preciado relaciona a las casas del placer del marqués Sade, al burdel estatal de Claude-Nicolas Ledoux en las salinas de Chaux y a las prisiones estudiadas por Foucault. ¿Por qué la cama de Hefner, además de ser redonda, tiene que girar, algo que es aparentemente inútil? Porque se inscribe en una teoría de la historia del mobiliario, evocada por el historiador de la arquitectura Sigfried Gideon: “Ocupante de la cama giratoria, el sujeto Playboy es un señor feudal pop cuyo mobiliario integra la función premoderna del mueble como signo portátil de estatus social y las funciones modernas del confort y de la construcción mediática del medio ambiente. (…) La cama ultraconectada de Playboy gira sobre sí misma porque ya no necesita moverse de lugar para ser nómada. Playboy inventa con la cama giratoria el nomadismo mediático, que habría de convertirse después en una de las características del consumo del espacio en el siglo XXI. De ahí que el giro de 360 grados sea un movimiento reflejo que indica que el mundo de la información se mueve con la cama.”


Tal vez sólo sea yo, pero para mí Hugh Hefner no es un cerdo asqueroso que se enriquece publicando nenas peladas que deshonran a sus abuelitas. Es un viejito inofensivo que vive con muchas mujeres, nunca se quita su pijama porque tiene suficiente dinero como para no tener que vestirse correctamente en ninguna ocasión y siempre come lo mismo todos los días. He visto muchas de sus biografías por televisión, naturalmente tuve mi etapa “Girls of the Playboy Mansion” y Sheldon y yo disfrutamos viendo “The House Bunny”. De hecho, un día mi madre me regaló una camiseta, súper escotada, con el conejito impreso. Es tan escotada que no me la pongo, pero el punto al que quiero llegar es que somos una generación a la que no nos escandaliza Playboy, de hecho, somos sus principales consumidoras, puesto que la revista es ahora uno de sus productos secundarios, tal vez uno de los menos populares. Miraba una reseña sobre este libro en casa de unos amigos y cuando les comenté que tenía que leerlo lo más pronto posible porque el tema es interesante y porque admiro a Hefner, me miraron completamente extrañados. Pero debo decir que me encantó saber que más allá de su pornografía à la Cinemax, se puede leer “Playboy” con el lente de un arquitecto y extraer teorías muy interesantes. Tal vez me suscriba algún día, ya saben, por los artículos. 


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The fact that “Playboy” can be a valid and interesting object of study is undeniable. I have no doubts that the way it has modified the relationship of American society with the woman’s body must be the core idea in various dissertations on gender studies. This is exactly Beatriz Preciado’s field of action, a Spanish philosopher, professor at universities in Paris and Barcelona on matters of political history of the body and queer theory. Except that “Pornotopía”, her doctorate thesis on “Playboy”, presented at Princeton University, is on architectural theory.


Preciado takes off on the premise that beyond showing naked women, “Playboy” is a manifest that tries to accomplish that men reconquer the domestic space that woman invaded in the 50’s. Through her articles about the ideal bachelor pads, and especially about his clubs and two mansions filled with bunnies, Hugh Hefner left his mark in the evolution of male architecture. It all started after World War II when American society became an episode of “Mad Men”: women were displaced from their works that they had during the war and were sent home, to the suburbs, where the plethora of new house appliances wouldn’t motivate them to go out; men travelled daily on their new cars towards their jobs in downtown. And Hefner wanted to invert this tendency: first of all he wanted for residences not to be in the outskirts of the city, but downtown; for the house to become an apartment and for women not to be the empress of these domains anymore, merely a guest, temporary and unique.


When I started the book, one of the first questions I made myself about this thesis was: what are her archives? After all, I highly doubt that Hefner granted her access to the mansion. But actually, there isn’t much about Hefner that he himself hasn’t already filmed or published. Preciado’s sources were, in first place, the magazines (and this is way there is no way a man could’ve done this research). The author decodes the ambiances were women are shown, in the early years of the magazine: domestic places, doing house chores, but naked. A special attention was given to the articles, lots of writings by the editor himself, on how must a contemporary bachelor’s apartment should be, how he must technify his house, how his kitchen –women’s last bastion of traditional femininity- can be adapted for a man who doesn’t want to live with a woman. Preciado basically says that “Playboy” is not just a manual of survival and etiquette, but it’s beyond everything else a version of “Good Housekeeping”, or “Home and gardens” manly acceptable. Other base documents for the author are the various biographies and books, authorized or not, about Hefner and his empire. And finally are the multiple references of the author, that don’t make this seem like a transcript from “E! True Hollywood Story”. Preciado places “Playboy” as a center piece of a cultural landscape where Sade, Ledoux, Le Corbusier and Foucault, to mention few, co-live.


What are Hefner’s first references to build his mansion? Very similar to projects by Mies van der Rohe and Le Corbusier. How is his first mansion in Chicago structured? According to an organization that Preciado relates to the marquis Sade’s houses of pleasure, Claude-Nicolas Ledoux’s state brothel at the Chaux saltworks, and to the prisons studied by Foucault. Why does Hefner’s bed, besides being round, has to rotate, something apparently useless? Because it’s encircled in a furniture history theory, evoked by architecture historian Sigfried Gideon: “Occupant of the rotating bed, the Playboy subject is a pop feudal lord whose furniture integrates the pre-modern function of the furniture as a portable sign of social status and the modern functions of comfort and mediatic construction of the environment. (…) Playboy’s ultra-connected bed rotates because it doesn’t need to move anymore from its place to be nomadic. Playboy invents the mediatic nomadism with this bed, which would become later a characteristic of space consumption in the XXIst century. It’s from there that the 360 degree movement is a reflection which indicates that the world of information moves with the bed.”


Perhaps it’s just me, but to me Hugh Hefner isn’t a filthy pig who becomes rich by publishing stripped babes who dishonor their grandmas. He’s a harmless old man that lives with many women, never takes of his pajamas because he has enough money to not have to dress appropriately for any occasion, and eats the same meal every day. I’ve seen many of his biographies on television, naturally I had my “Girls of the Playboy Mansion” phase, and Sheldon and I enjoyed watching “The House Bunny”. In fact, my mom gave me a shirt once, with a big cleavage and the iconic bunny. The cleavage is so big, that I dare not to wear it, but the point is that we’re a generation that’s no scandalized by Playboy, in fact, we’re its main consumers, because the magazine is now one of its secondary products, perhaps one of the least popular. I was reading a review of this book at home with some friends and when I told them that I had to read it as soon as possible because the subject is interesting and because I admire Hefner, they all gave me puzzled looks. But I must say that I loved that beyond porn à la Cinemax, one can read “Playboy” with an architect’s eye and extract interesting theories. Maybe one day I’ll subscribe to the magazine, you know, for the articles.

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