06 June 2013

Oh Bryn, you see through the dark, right past the fireflies that sleep in my heart

 

El tercer día lo dedicamos a recorrer el distrito financiero, Chinatown y Little Italy. Entre todas las cosas de Nueva York, creo que fue Wall Street lo que menos se parecía a la imagen que tenía en mi cabeza. Habré visto Wall Street en innumerables series y películas, pero me pareció un callejón estrecho y asfixiante, lejos de lo que me imaginaba que era el núcleo de la economía del mundo. Era sábado, así que además estaba lleno de turistas únicamente. Tal vez hay que verlo un día de semana y disfrutar de la agitación y de la posibilidad de conocer a algún corredor de bolsa guapo que se parezca a Charlie Sheen circa 1987.

Rodeamos todo el sitio de la reconstrucción del World Trade Center, pero no estaba en mi lista de lugares por recorrer. Se tenía que reservar con anticipación y honestamente, más allá del interés arquitectónico, me parece algo lúgubre ir a visitar ese lugar. Probablemente lo hubiera hecho si hubiera tenido mucho tiempo, pero con los días contados preferí invertirlos en cosas más interesantes.

De nuevo, por pura casualidad, encontré la escultura que aparece en la portada del libro de Alexandra Lange, uno de mis libros favoritos del último año y que definitivamente me hizo ver esta ciudad de una manera única. En el libro aparecen reseñas de edificios, espacios públicos y ciudades estadounidenses, especialmente neoyorquinos, hechas por críticos de arquitectura muy conocidos y luego la autora los comenta. Lange es profesora de crítica arquitectónica en NYU y el libro es perfecto para sumergirse en este mundo ya que enseña los fundamentos básicos para analizar un edificio y poder escribir sobre él. Así que me emocioné cuando vi la escultura, así como cuando vi la Lever House o Central Park, que aparecen en el libro también.

Después de pasar viendo la alcaldía y la corte de justicia, llegamos a Chinatown y a Little Italy, dos sectores con fronteras que se entrelazan. Chinatown tenía un olor muy oriental que he aprendido a distinguir gracias a mis décadas de fascinación con la comida china y con mi visita a Taiwán. Sin embargo, me lo imaginaba diferente, más como un verdadero enclave chino, como un lugar donde la ciudad sería irreconocible para transformarse en otro país y no como un montón de edificios normales con rótulos en escritura ideográfica. Es que justamente creo que lo que delata Chinatown como un simple barrio en Nueva York es que los edificios son muy parecidos entre sí y no tienen esa diversidad de colores, texturas y escalas que sí se ven en los barrios populares en Asia. Por eso es que la única forma de saber si se está en Chinatown o en Little Italy es el idioma de las pancartas.

Little Italy; que probablemente sea la decepción más grande de esta ciudad. Igual, yo me esperaba una zona en la que me sintiera en Italia y lo único que vi fueron restaurantes y supermercados de productos importados. Tal vez sí soy snob, pero Italia son los monumentos, las calles amplias y empedradas, el sol… Como he dicho antes, para comer mala pasta para turistas que puedo hacer mejor en mi casa, mejor nos fuimos a un restaurante vietnamita que sí me encantó. Aprovechamos también para hacernos un masaje de pies, una experiencia extraña pero relajante.

Y nuestro paseo fue interrumpido por una gran tormenta que nos obligó, oh pobres de nosotras, a refugiarnos en el Met.

On the third day we strolled around the financial district, Chinatown and Little Italy. Of all of the things in New York, I think it was Wall Street the one that was the most different from the image I had in mind. I must have seen Wall Street a million times in TV shows and in movies and in reality it was just a narrow and asphyxiating alley, far from what I pictured the world’s economic nucleus would look like. It was a Saturday, so it was filled with tourists only. Maybe you need to see it on a weekday so as to enjoy the excitement and the possibility of meeting a handsome stock broker who looks like Charlie Sheen circa 1987.

We walked around the reconstruction site of the World Trade Center but it wasn’t on my list of places to visit. You had to book in advance and honestly, beyond the architectural interest, I just think it’s sad to see this place. I would probably have done so if I had had more time, but with so little time I’d rather invest it in more interesting things.

Again, by chance, I ran into the sculpture feature on the cover of Alexandra Lange’s book, one of my favorite ones among all of the books I read last year and definitely one that made me see this city in a unique way. The book features many reviews of American buildings, public spaces and cities, but it’s mostly devoted to New York. The reviews are by well-known architecture critics and the author comments on them. Lange is an architectural critic professor in NYU and the book is perfect to get acquainted with this world, since it teaches the fundaments to analyze a building and write about it. So I was excited when I found the sculpture, as well as when I saw the Lever House or Central Park, both discussed in the book as well.

After seeing the Town Hall and the Supreme Court, we arrived in Chinatown and in Little Italy, neighborhoods with intertwining frontiers. Chinatown had a very oriental smell that I’ve learned to distinguish thanks to my decades of fascination towards Chinese food and my visit to Taiwan. However, I imagined it in a different way, more like a Chinese enclave, like a place where the city would become unrecognizable and would be transformed into another country, and not like a lot of normal buildings with ideographic advertising. And that is exactly what gives away Chinatown as just a New York neighborhood: the buildings all look alike and don’t have that diversity in color, texture and scale that you can find in popular areas in Asia. So the only way you can know if you’re in Chinatown or Little Italy is because of the language of the signs on the walls.

Little Italy is probably this city’s biggest letdown. In the same way, I expected to find a zone where I would feel in Italy itself and the only thing I found were restaurants and grocery stores with imported products. Maybe I am a little snob, but Italy is all about the monuments, the wide cobbled streets, the sun… As I have said before, if I want to eat bad tourist pasta I better eat it at home, so instead we went to a Vietnamese restaurant I really enjoyed. We also went into a tiny shop to get a foot massage, a bizarre but relaxing experience.

And our wandering was cut short by a huge storm that forced us, oh what a pity, to take shelter in the Met.

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4 comments:

  1. Anonymous9:37 AM

    Puedes hacer que los enlaces abran en una nueva pestaña al clicar sobre ellos?

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  2. Anonymous9:15 AM

    Gracias. No a todos les gustará pero resulta conveniente para no perder el punto en la lectura.

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  3. Con gusto, ya ratos quería hacer ese cambio, pero no me había quedado tiempo de buscar cómo se hace.

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