17 October 2007

El extranjero

Es un hecho miles de veces comprobado que los conceptos oscilantes de familia producen seres desadaptados incapaces de sentir que pertenecen a alguna manada. Saluden ahora a la mujer sin hogar: eternamente alejada de los pocos metros cuadrados en los que se sentía a gusto y segura, deambula por todos lados, anhelando un poco de estabilidad o por lo menos algo que pueda reclamar como suyo. Porque he llegado al punto en que regreso a mi casa, sin haber visto por varios días seguidos a mi parentela, y me doy cuenta que mi cama tiene un buen rato de no haber sido ordenada; mi cuarto se ha convertido en territorio de arañas. Esto no es motivo de dilema para los budistas que leen el blog, pero no entiendo cómo son capaces de vivir sin centro de gravedad. No tengo casa, no tengo cosas, las personas se esfuman, maldición, yo quiero tener algo en qué confiar! Algo incuestionable, que no cambie, que no quiera buscar nuevos horizontes, o que no se sienta satisfecho con lo que doy/soy. Y no, me niego a conformarme con imágenes de divinidades o cuestiones sobrenaturales que me den razones para vivir. No voy a ir a reuniones de grupos religiosos, aunque me tenga que tirar de la ventana del cuarto piso porque ahora son en el piso de mi facultad y sólo hay una entrada y salida. (Me encanta la forma en que me atasco en paradojas. No confiar en lo divino y esperar milagros de lo meramente mortal.)

La cuestión es que yo tengo un sensor que me dice que todo se ha entibiado, aburguesado. Lo detesto; quiero el entusiasmo del principio, la fiereza de cuando todavía era santa, casta y pura. Cuando todavía no sabía adónde ir, pero tenía prisa por avanzar. He llegado al punto en el que no me reconozco; creía haber encontrado paz en los descansos a la orilla del camino, y me terminé apegando a ellos, al punto de no querer seguir más allá. ¿Y qué hago ahora que no tengo donde regresar y estar a salvo?

5 comments:

  1. Realmente me encontre en tu escrito, Marce... Me encanto esto que escribiste.

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  2. No se trata de hacer algo, la solución que buscas no está en un hacer. El camino que te libera consiste en un dejar de hacer, dejar de hacer eso que te incomoda, dejar de alimentar tu desesperación con drama.
    Lo veas o no, estás actuando dramáticamente, tus pensamientos son el refeljo de una actitud propensa a un drama que no terminas de identificar.
    No busques asimientos, no busques esa falsa seguridad en nada ni en nadie, el camino es soltarse, soltarse y volar.
    Yo no vivo en ese vuelo, estoy en proceso de soltarme, talvez nunca termine mi proceso de desprendimiento, pero sé que ese es el camino, el camino de la inseguridad, la incertidumbre, la soledad, la deseperanza, la desilusión, el desapego, la libertad.

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  3. La verdadera libertad sería trascender esa desesperanza y desilusión, no entiendo cómo pueden ser vistos como algo deseable, o que debería alcanzar...

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  4. aceptando lo que es.

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  5. You look for a place where you can find those things. Si te falla el que encontrás, buscás otro.
    Creo que nunca lo encontrás en realidad, pero eso es the vicious circle of life.
    Aunque una vez que aceptás eso, la búsqueda se vuelve el verdadero thrill y honestamente no es tan feo como suena.

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