08 June 2012

Death cab for cutie, live at the Krakatoa, 06.07.2012

Death cab for cutie es lo que se podría definir como rock “nerdy”, se trata de un grupo liderado por un cantante totalmente inofensivo en la escala de los bad boys de la música, toca canciones agradables, frecuentemente de amor, en las que el chico declara ser de una vulnerabilidad excepcional justo antes de cruzar el umbral de la cursilería. Solía tener esa imagen de Ben Gibbard, el vocalista, como un chico tímido de lentes al que la fama le llegó casi por casualidad. Así que cuando supe que los vería en concierto me imaginé un recital tranquilo en el que los momentos de exaltación serían pocos. Y como siempre que tengo una imagen preconcebida de algo me equivoqué, para mi gran fortuna.

Anoche tocaron en el Krakatoa, un modesto local en Mérignac, su primera vez en Bordeaux. “Déjenme decirles que tienen una hermosa ciudad” dijo Gibbard después de la primera canción. (“Gracias, gracias” pensé.) Creo que el pobre Gibbard no esperaba que hubiera gente en el público que realmente conociera al grupo puesto que sintió la necesidad de presentarlo y de decir que venían de Seattle, Washington. Lo peor es que me imagino que un montón de los chavitos que estaban presentes jamás los habían escuchado o podrían darme el título de uno de sus discos. De hecho, dentro de la comunidad de estadounidenses que se hizo presente habían unas chavas que no pararon de gritar tonteras que yo no alcancé a escuchar pero Gibbard sí. La primera vez les respondió que estaban un poco perdidas y que deberían revisar su boleto. La segunda vez la mandó a callar.

En fin, a pesar de que al principio la gente estaba un poco rígida, a la mitad del concierto todos estaban cautivados. Y con razón: Gibbard salió – sin lentes – a cantar, saltar y a tocar como si no hubiera mañana. Me disculpo por sólo hablar del vocalista, pero si antes no conocía a los otros miembros del grupo ahora que los vi en vivo tampoco es el caso. Hasta la iluminación del escenario sólo se concentraba en él. Es de una energía y de un carisma impresionante y su voz es tan nítida como en los discos. La mayoría de las canciones fueron súper movidas, con algunas cuantas baladas intercaladas, sólo para que todos pudiéramos retomar nuestras fuerzas.

El concierto fue una especie de “Best of” con un cierto énfasis en su último disco, naturalmente. Para ser un grupo con más de quince años de trayectoria es un gran alivio sentir que cada vez son mejores y que todo apunta a que lo mejor está por llegar.

Me encantó cuando se despidieron por primera vez y el público los aclamó hasta que regresaron. Tocaron tres canciones, más calmadas, una de ellas de su primer disco. Toda la experiencia fue impresionante, hasta el grupo telonero me gustó mucho, unos franceses llamados “Apes & Horses”. Y este concierto confirma una vez más que no se ha escuchado a un grupo bien hasta que se le ha visto en vivo. Debo ponerme al día con tantos otros grupos.


Death cab for cutie is what could be defined as “nerdy” rock, it’s a group fronted by a totally harmless singer in the scale of music bad boys; they play nice songs, love songs mostly, in which the guy declares his exceptional vulnerability just before crossing the corniness threshold. I used to have this image of Ben Gibbard, the frontman, as this shy glasses-wearing-guy who came across fame by chance. So when I saw I would get to see live I imagined a calm recital not exactly full of exhilarating moments. And as usual, every time I have a preconceived image of something I turn out to be wrong, luckily.

Last night they played the Krakatoa, a modest local in Mérignac, their first time in Bordeaux. “Let me say you have a beautiful city” Gibbard said after the first song. (“Thank you, thank you” I thought.) I think poor Gibbard didn’t expect much people in the audience actually knowing the group for he felt the need to introduce it and say they are originally from Seattle, Washington. The worst part is that it wouldn’t surprise me to know that most kids there had never heard of them or wouldn’t be able to tell the title of one of their records. In fact, amongst the American community present there were some girls who never stopped shouting stupid things I didn’t quite understand but Gibbard did. At first he replied to them, telling them they were a little lost and that they should look at their tickets. Then he told them to shut up.

Anyway, in spite of the fact that the audience was a little rigid at the beginning, by the middle of the concert everyone was captivated. And with reason: Gibbard came out – without his glasses on – to sing, jump and play like there was no tomorrow. I apologize for just writing about the lead singer, but if I didn’t know the other members of the group before, now that I saw them live it’s not any different. Even the stage lighting focused mainly on him. He has amazing energy and charisma and his voice is as clear as in the records. Most songs were super dynamic, with a few ballads every now and then, so that we could all get our strength back.

The concert was like a “Best of” with some emphasis on his latest cd, naturally. Considering it’s a band with more than fifteen years of career it’s a great relief to feel that they keep getting better with time and that everything leads to believe the best is yet to come.

I loved when they said goodbye and the audience cheered until they came back. They played three more songs, a little calmer, one of them from their first album. The whole experience was amazing, even the opening band was very good; they are called “Apes & Horses”. And this concert confirms once again that you haven’t really listened to a band until you see them live. I need to catch up with so many other bands.

No comments:

Post a Comment