04 June 2012

All quiet on the Western front

Escribo desde las trincheras de los últimos días de mi vida de estudiante. Podría decir que lo peor ha pasado, puesto que hoy he impreso la monografía, pero en realidad falta el encuentro final: la defensa frente al jurado. Ahora que la tormenta de la investigación se está disipando no me invaden los sentimientos de alivio y de celebración que serían normales en estas circunstancias. Todo lo contrario, siento un gran vacío, como si al arrancarme de mis ocupaciones me hubieran extraído una parte de mí, dejando un dolor fantasma basado en la ausencia. Después de incontables semanas de un régimen estricto de trabajo continuo, de ascetismo y de disciplina, todos necesarios para abordar la titánica cantidad de documentos que leer, resumir y analizar, planos que fotografiar y gente que entrevistar, encontrarme súbitamente sin nada que hacer sólo puede compararse a haber terminado una guerra, a haber dado a luz a un infante que será dado en adopción. (Nota: mis más sinceras disculpas a todos aquellos que sí hayan experimentado en carne propia esos sucesos. Los lectores asiduos de esta página les dirán que lo único recurrente en este espacio es la exageración.) Siento que di todo lo que pude, que no hubiera cambiado nada del proceso, o mejor dicho que no hubiera sido posible. Me siento como la Alcaldía de Tegucigalpa con sus slogans mediocres, “Hacemos lo que podemos”, pero en realidad es así. Y aun sabiendo esto me cuesta aceptar y dejar ir.

Debería de aprovechar este tiempo. Será lo más parecido a vacaciones que tendré en mucho tiempo, puesto que inmediatamente después de la defensa de la monografía empieza una serie de viajes y compromisos, que no niego serán divertidos, pero estarán lejos de ser días de poder dormir hasta tarde y estar echada todo el día. Hoy pude haberme quedado toda la tarde viendo las decenas de películas en francés que bajé, anticipando algún día la desocupación. Podría ir a cortarme el pelo después de casi seis meses para finalmente dejar de parecer la rencarnación la malvada bruja del oeste del Mago de Oz. Podría empezar a leer la pila de libros que he comprado esperando algún día tener tiempo para leer algo por placer y no por estudio. Podría retomar mis lecciones diarias de francés, abandonadas desde el 28 de marzo y sé la fecha exacta porque vienen en un calendario. Podría ver la segunda temporada de “Game of thrones” que me negué a ver semanalmente porque cuando vi la primera temporada la angustia era tal que tenía que ver hasta dos episodios seguidos. Podría finalmente actualizar el blog con anécdotas de viajes que he hecho desde el año pasado que no he tenido tiempo de relatar o con explicaciones sobre mi monografía o con posts sobre Bordeaux que vengo prometiendo desde que llegué aquí en el 2010. Podría finalmente salir de este apartamento, el rincón francés que mejor conozco. Podría aprender a tejer, volver a retomar el gusto por la cocina; volver a correr todos los días para que mi madre no se desmaye de ver a su hija con los diez kilos que subió desde la última vez que la vio (otra vez, exageración).

Podría hacer todo eso, pero para minimizar la jubilación anticipada me fui a alquilar libros para mejorar mi redacción en francés. Así voy a seguir un poco con los estudios y voy a disfrutar mejor del tiempo libre. Aunque no debería decir que es libre, debería estar preparando mi presentación. Afortunadamente, eso incluye ir a comprar un nuevo atuendo. La vida académica es en definitiva de una exigencia bárbara para los nervios.

Y sí, se siente delicioso escribir sin la angustia de pensar que se están cometiendo centenas de errores en un idioma que no es el tuyo, en un estilo al que no estás acostumbrada. Puedo finalmente hacer todas las frases largas que quiero, poner todas las comas que me da la gana y empezar las frases por “Y” y “Pero”, sólo porque sí. Ese es el verdadero significado de las vacaciones.


I’m writing from the trenches of my last days as a student. I could say that the worst has already happened, since today I printed my thesis but actually the last battle remains: the presentation for the jury. Now that my work is printed and that the research storm is being dispelled I’m not invaded by feelings of relief and celebration that would be normal in circumstances like these. On the contrary, I feel a great void, as if being ripped of my occupations meant losing a part of me, leaving a phantom pain behind. After countless weeks of a strict regime of continuous work, of asceticism and discipline, all of them necessary to take on the titanic amount of documents to read, synthetize and analyze, blueprints to photograph and people to interview, to suddenly find myself without anything to do can only be compared to having finished a war, to have given birth to a child who will be put up in adoption. (NB: my sincerest apologies to those who have actually experienced in the flesh those events. Recurrent readers of this site will tell you that the only recurrent thing in this space is exaggeration.) I feel like I gave everything I had, that I wouldn’t have changed anything of the process, or better said, that it wasn’t possible. I feel like the Tegucigalpa’s City Hall with its mediocre slogans, “We are doing what we can”, but I do feel like that. And even knowing this, I find it hard to accept and let go.

I should take advantage of this time. It will be the closest I’ll have to vacations in a very long time, since immediately after the thesis’ presentation will begin a series of trips and engagements, that I don’t deny will be fun, but they will be far away from sleeping in and doing nothing all day. Today I could have spent the afternoon watching the dozens of French movies I downloaded anticipating the inactivity someday. I could go get my hair cut after almost six months since the last time I did it, so I did no longer resemble the reincarnated version of the Wicked Witch of the West. I could start reading the pile of books I bought hoping to one day have free time to read something for pleasure and not for study. I could resume my daily French lessons, abandoned since March 28th and I know that’s the exact date because they are printed in a calendar. I could watch the second season of “Game of thrones” that I refused to watch on a weekly basis because when I saw the first season the anguish reached tremendous heights and I needed to watch at least two episodes on a row. I could finally post on the blog my travel anecdotes from trips I did last year that I haven’t had the time to write about or with explanations about my thesis or with posts about Bordeaux that I’ve been promising since I first came here in 2010. I could finally get out of this apartment, the French corner I know the most. I could learn to knit, I could enjoy again cooking; I could go jogging everyday so that my mother won’t faint at the sight of her daughter 10 kg heavier since the last time she saw her (again, exaggeration).

I could do all of that but to minimize the anticipated retirement I went to the library pick up some books to improve my writing in French. That way I can keep on studying and will enjoy even more my free time. Though I shouldn’t be saying it’s free, I should be preparing my presentation. Fortunately, that includes getting a new outfit. Academic life is definitely heavy on the nerves.

And yes, it feels delicious to write without the agony of thinking I’m making hundreds of mistakes in a language which is not my own, in a style I’m not used to write in. I can finally make the sentences as lengthy as I like, put all the commas I feel like and start my sentences with “And” and “But”, just because. THAT is the real meaning of vacations.

2 comments:

  1. ¡Pucha, felicidades! Ojalá te vaya muy bien en la defensa de tu tesis. :D

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  2. Muchas gracias Manuel! ^^

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