23 April 2017

Parenthood (la serie, no en la vida real)

parenthood

Tengo que confesar que mi deporte preferido en este momento es el “binge watching”: atorarse por horas y horas de episodios de series. Como todo el mundo, me dio por ver “Black Mirror”, la serie sobre las distopías de nuestra sociedad, sobre todo en relación a la tecnología. La serie es súper inteligente y fascinante, pero también es aterradora y angustiante: no podía soportar ver más de un episodio a la vez y siempre necesitaba ver comedias después para tratar de relajarme. Por culpa de esa serie terminé poniéndole un post-it a la cámara de mi computadora e instalando Ad-Block. Pues mientras esperaba la nueva temporada de “Homeland” (también brillante, pero excesivamente estresante) y queriendo postergar por milésima vez “Breaking Bad”, quería algo más ligero, donde no maten a todos los personajes como moscas y donde no me hagan preocuparme por cómo va mi vida y el mundo. Así que cuando encontré en el New York Times recomendaciones para series “character-driven” y mencionaron “Parenthood”, decidí darle una oportunidad. Al principio estaba reticente porque mi situación actual y mis intereses no podrían estar más lejos de la vida diaria de una familia americana, pero después de seis temporadas en 4 meses he llegado a la conclusión que “Parenthood” es lo más cercano que existe a la perfección televisiva.

I have to confess that my current favorite sport is binge watching: stuffing myself up on hours and hours of series episodes. Like everyone else, I watched “Black Mirror”, the series on dystopias on our society, especially those related to technology. It is very clever and fascinating, but it is also terrifying and distressing: I could not stand to watch more than one episode at a time and I always needed to watch sit-coms after to try to relax. Because of that series I ended up putting a Post-it on my computer’s camera and installing Ad-Block. And while I waited for the new season of “Homeland” (also brilliant but excessively stressful) and putting off for the thousandth time “Breaking Bad”, I wanted something lighter, where they don’t kill every character as if they were bugs and where I don’t have to worry for where my life and the world are going. So when I found on the New York Times some recommendations for character-driven series and mentioned “Parenthood”, I decided to give it a shot. At first I was reluctant, because my current situation and my interests could not be farther away from the daily life of an American family, but after 6 seasons on 4 months, I reached the conclusion that “Parenthood” is as close as TV perfection as you can get.

La premisa de la serie es muy simple: uno sigue la vida de los Braverman, una familia compuesta por los abuelos, Camille y Zeek, y de las familias de sus cuatro hijos. Adam, el mayor, casado con Kristina, ama de casa, con una hija adolescente, Haddie, y un hijo menor con síndrome de Asperger, Max. La “power couple” donde ella trabaja y él se queda en casa cuidando de la hija: Julia, una abogada, casada con Joel, y la hija, Sidney. La hija divorciada con dos hijos que su vida es un desastre, Sarah (interpretada por Lauren Graham, Lorelai en “Gilmore Girls”) y sus dos hijos adolescentes Amber y Drew. Y el hijo menor, el hijo rebelde y soltero que vive en un barco pero que todavía va a casa de sus papás a lavar su ropa, Crosby. Que se da cuenta que tiene un hijo de 5 años con una bailarina con la que tuvo una aventura hace tiempo y que tuvo a su hijo sin decírselo. La premisa es muy simple pero esa plétora de personajes es lo que la hace brillante: todas las etapas de la vida están representadas y forzosamente uno va a identificarse a uno o a varios de los personajes.

No pasaron muchos episodios antes que la serie se convirtiera en mi adicción: era incapaz de ver un solo episodio a la vez, me desvelaba viéndola, abandoné casi completamente mis libros y ha sido mi tema de conversación preferido con todo el mundo. Y eso que en realidad no pasa nada extraordinario en la serie, es sencillamente sobre la vida normal, con sus problemas de trabajo, de pareja, entre amigos, las interacciones entre hermanos y sobre cómo la gente trata de salir adelante con los recursos que tiene a su alcance. De hecho, es por eso que no tuve la impresión que la serie se volvió menos interesante o menos creíble a medida que avanzaban las temporadas, como suele pasar con la mayoría de las series. Todo lo que le sucede a los personajes son cosas que pasan todo el tiempo. Y los personajes cambian porque el tiempo pasa y la gente y las circunstancias cambian. Como en la vida, las cosas más insignificantes pueden tomar proporciones exageradas y lo cotidiano parece intrínsecamente difícil y dramático, aun cuando externamente todo parezca estable. Y es cierto que gran parte de nuestras dificultades son causadas por nuestras propias interpretaciones y reacciones ante los eventos. Pero a veces las cosas son verdaderamente complicadas cuando escapan de nuestro control, como cuando se trata de discapacidades, enfermedades, adicciones, o crisis económicas.

La serie tiene esa maravillosa capacidad a ponerte al mismo tiempo en el lugar de cada uno de los personajes y en posición de observador externo, lo que al final termina impactando tu forma de ver tu propia vida y la de la gente a tu alrededor. En múltiples ocasiones me puse a pensar en mis papás y en cómo fue para ellos empezar su familia y tener que balancear sus trabajos y criar a dos hijos. Desde que vivo lejos los veo de forma diferente, ya no como la voz de la autoridad y la omnipotencia que eran cuando estaba creciendo. Pero la serie reforzó esa impresión que al final solo son dos simples seres humanos, que en algún momento no fueron tan diferentes de como soy en este momento, soñando con encontrar un trabajo, fundar una familia y tener una vida normal. ¿Cómo habrán vivido la transición de ser una joven pareja libre a tener que cuidar un bebé (especialmente sin tener a nadie de la familia que los viniera a ayudar)? ¿Cómo demonios lograba mi mamá hacer todo lo que hacía durante todos esos años? ¿Cómo será ahora para ellos encontrarse solos de nuevo después de tanto tiempo?

Me sentí particularmente conmovida con Haddie, la hija adolescente de Adam y de Kristina, con toda la historia de su primer novio que sus papás no aceptan. Ella termina viéndolo a escondidas y teniendo relaciones con él y es un drama espantoso en la familia. ¡Qué montón de tiempo y de energía desperdiciados en querer controlar la vida sexual de las hijas! ¡Qué reverenda estupidez! Y en eso los gringos y los hondureños no son tan diferentes. ¿Y al final para qué? Porque es mejor que todos lo acepten de una vez: las hijas van a hacer lo que quieran, cuando quieran y no hay prohibiciones, discursos culpabilizantes, ni amenazas que vayan a impedirlo. De nada sirve querer controlar el cuerpo y las decisiones de las jóvenes. Hay que enseñarles y crear un ambiente de confianza, pero sobre todo hay que respetarlas como individuos y no meterse en lo que no les incumbe.

Por supuesto, la serie no es totalmente perfecta. Estamos hablando de una familia de clase media, con problemas financieros, a veces, pero no los suficientes para mostrar la realidad de vivir en un país como los Estados Unidos con un sistema social deficiente. Es una familia blanca, con unos toques políticamente correctos gracias a unos cuantos personajes negros y latinos, los suficientes para que los felicitemos de mostrar algo de diversidad. Pero hay que reconocer que es propaganda yankee del modelo de familia ideal que en realidad no existe. Tiene muchos aspectos edulcorados e irreales: no importa cuáles sean los problemas o los desacuerdos, podía estar segura que todo iba a terminar arreglándose al final y que todos se iban a reconciliar. Lo que es rara vez el caso. Y qué espanto: cómo detesté el personaje de Lauren Graham. Me dolió tanto verla en el rol de madre desamparada, incapaz de controlar a sus hijos, tomando una decisión desastrosa tras otra, después de haberla adorado por años y años como Lorelai, su completa antítesis. Y tengo que decir que al principio no soportaba la canción del inicio, “Forever Young” de Bob Dylan, pero después de escucharla más de 100 veces, termina siendo tolerable.

A pesar de todo, me gustó mucho la serie. Fue un descanso bien merecido de series sobre atentados terroristas, o sobre los peligros de pasar mucho tiempo en Instagram. O de la vida real, con sus atentados terroristas y demasiado tiempo pasado en Instagram.


The premise of the show is really simple: you follow the life of the Bravermans, a family composed of the grandparents, Camille and Zeek, and the families of their four children. Adam, the oldest, married to Kristina, stay-at-home mom, with a teenage daughter, Haddie, and a younger son with Asperger Syndrome, Max. The power couple where she works and he stays at home taking care of the daughter: Julia, a lawyer, married to Joel, and the daughter, Sidney. The divorced daughter whose life is a disaster, Sarah (played by Lauren Graham, Lorelai in “Gilmore Girls”), and her two teenage children: Amber and Drew. And the youngest son, the rebel and single one, who lives on a boat but still goes to his parents to do his laundry, Crosby. Who learns that he has a 5-year-old son with a dancer with whom he had a fling years ago and had his son without telling him. The premise is simple but that plethora of characters is what makes it brilliant: all the stages of life are represented and you will necessarily identify with one or many characters at the time.

I did not need many episodes before the series ended up becoming my addiction: I was unable to watch just one episode at a time, I stayed up late watching it, I almost completely abandoned my books and it was my favorite conversation topic with everyone around. And this was even if nothing truly extraordinary happens in it; it is just about normal life, and its issues with work, relationships, friends, interactions between brothers and sisters, and how everyone tries to get by with the resources at hand. In fact, that is why I did not have the impression that the series got less interesting or less credible as the seasons went by, as with most other series. Everything that happens to the characters are things that happen all the time. And the characters change, because time goes by and people and circumstances change. As in life, the most insignificant things can get blown out of proportion and all daily things seem intrinsically hard and dramatic, even when everything seems stable on the surface. And it’s true that a great deal of our difficulties is caused by our own interpretations and reactions to events. But sometimes things are really hard when they are not under our control, as when it comes to handicaps, illnesses, addictions, or economic crises.

The series has this wonderful ability to put yourself at the same time in the place of each one of the characters and as an external observer, which in the end has an impact on how you look at your own life and the ones of people around you. In multiple occasions, I thought about my parents and how it must have been for them to start their family and having to juggle their jobs and raising two kids. Ever since I live far away I see them differently, not like the voice of authority and omnipotence they were when I was growing up. But the series reinforced this impression that in the end they are just two simple human beings, which at some point were not that different from who I am right now, dreaming of finding a job, starting a family, and having a normal life. How did they experience the transition from a young free couple to having to take care of a baby (especially without having anyone from the family to help them)? How the hell did my mother managed to do what she did during all those years? How is it now for them to find themselves alone after so long?

I was particularly moved by Haddie, Adam and Kristina’s teenage daughter, and her storyline on her first boyfriend that her parents do not approve. She ends up seeing him in hiding and having sex with him, and it is such a horrendous drama in the family. What a bunch of time and energy wasted in trying to control the sexual life of young women! What a huge stupidity! And in this sense, Americans and Hondurans are not that different. And in the end, for what? Because you better accept it once and for all: daughters will do whatever they want, whenever they want, and there are no restrictions, guilty-inducing sermons, nor threats that will stop it. And it’s no use trying to control the body and the decisions of young women. You must teach them and create a trusting environment, but above all you have to respect them as individuals and mind your own business.

Of course, the series is not totally perfect. We are talking about a middle-class family, with financial problems, sometimes, but not enough to show the reality of living in a country like the U.S. with such a poor social system. And this is a white family, with some politically correct touches thanks to some black and Latin characters, just enough so that we congratulate them on showing some diversity. But I must acknowledge that this is pure Yankee propaganda on the ideal family model that does not exist in real life. It has many edulcorated and unreal aspects: no matter what the problems or disagreements where, I was sure that everything was going to turn alright in the end and everyone would reconcile. Which is rarely the case. And what a horror: I totally hated Lauren Graham’s character. It hurt so much to watch her playing a helpless mother, incapable of controlling her children, making a disastrous decision after another, after adoring her for so many years as Lorelai, her complete antithesis. And I must say that at first I couldn’t stand the intro’s song, “Forever Young” by Bob Dylan, but after hearing it for over 100 times, it ends up being tolerable.

Despite all this, I really liked the series. I was a well-deserved break from shows on terrorist attacks or on the dangers of spending too much time on Instagram. Or from real life, with its terrorist attacks and too much time spent on Instagram.

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