10 July 2022

Roe vs. Wade

 


Tengo 37 años y estoy embarazada de seis meses. Es mi primer hijo y este es un embarazo deseado que tuve el privilegio de decidir y de planear de acuerdo a mi situación. Tuve acceso a la píldora del día siguiente porque todavía no estaba prohibida en Honduras cuando vivía allí. Pude ir a clínicas de planificación familiar en la UNAH y años después en Ginebra. La segunda me remitió a una ginecóloga muy buena que me recomendaba tener mi primer hijo antes de los 35 años, pero mis financiamientos que tenía que renovar todos los años y mi incertidumbre profesional y la de mi pareja no me lo permitieron. En el 2018, leí un libro sobre el ciclo menstrual que me hizo darme cuenta que nunca lo había entendido realmente y que me enseñó a vivirlo de manera más cómoda y no a soportarlo pasivamente. Empecé entonces a llevar un seguimiento de mi ciclo que me fue muy útil cuando al fin decidí intentar tener un hijo.


Por muchos años, me preocupó la posibilidad de no poder quedar embarazada, en parte por mi edad, pero también porque mis ciclos menstruales se volvían cada vez más cortos y lo interpretaba como el signo de una fertilidad deficiente. La situación económica y profesional ideal nunca llegó, pero alcancé un nivel de estabilidad inédito hasta entonces a principios de este año cuando validé el periodo de prueba de mi contrato permanente y mi esposo iba a empezar un contrato de trabajo, aún si es solo de un año, y encontramos un apartamento minúsculo pero decente, bien ubicado y no tan caro en París. Nos lanzamos al agua y para mi gran sorpresa y alivio el primer intento fue exitoso.


Estoy en una posición extremadamente privilegiada con este embarazo. Estoy casada con un buen hombre, los dos tenemos un trabajo y tenemos casa. Estoy cubierta por la seguridad social francesa, mi trabajo cubre parte de mi seguro complementario y puedo pagar el resto de mis gastos médicos. En cuanto confirmé mi embarazo encontré un ginecólogo que, aunque siempre tiene como dos horas de retraso y sus consultas no duran más de 15 minutos, por lo menos atiende en horarios después de mi trabajo por lo que no tengo que pedir permiso para ausentarme. La seguridad social reembolsa clases de preparación al parto y encontré una partera a 10 minutos de mi casa que me recomendó varias referencias, entre ellas un libro súper completo sobre el embarazo y otro sobre la lactancia. Además de las clases, va a darme seguimiento después de dar a luz.


Me pude registrar en la maternidad pública de mi arrondissement. Es súper organizada y está en excelente estado, es limpia, acogedora y el todo el personal ha sido muy amable. El primer ultrasonido y los exámenes obligatorios tenían como objetivo detectar anomalías genéticas y tengo la suerte de vivir en un país donde hubiera podido interrumpir el embarazo si hubiese sido necesario o si yo lo hubiese decidido.


Aparte de un olfato ultra desarrollado al principio y una constipación más aguda que de costumbre, el primer trimestre lo pasé muy bien, sin náuseas, vómitos o sin necesidad de pedir ningún tipo de incapacidad. Encontré en línea un programa de deporte para embarazadas, 2/3 de mi trayecto de apenas media hora al trabajo los hago a pie y me he mantenido casi igual de activa que antes. He seguido saliendo, viendo amigos, viajando y yendo a conciertos como antes. Hasta hice una excursión fácil en una montaña en el tercer mes.


Acabo de hacer el segundo ultrasonido obligatorio y todo está bien. Las cosas no podrían estar saliendo mejor.


Y aún así, esto no es fácil. Nadie te regala, ni te facilita nada. Las listas de espera para las guarderías municipales pueden durar años y nunca se tiene garantía de tener un puesto. Las guarderías privadas cuestan la mitad de mi salario, a menos que consigás un puesto en una en la que tu empresa acepta de pagar una parte, lo que no es el caso para mí porque es pinta para la sociedad tener hijos, pero no es su rol tener que asumir esos gastos. Hasta el día de hoy no sé dónde voy a dejar a mi hijo cuando me toque regresar a trabajar. En ningún momento mi empresa me ha preguntado si hay algo que podría facilitar mi embarazo, como trabajar en casa los días de calor extremo que se están haciendo cada vez más recurrentes.


La vida no mejora con el embarazo y la gente no se vuelve mágicamente más empática o servicial. No es como si alguien te va a ceder su asiento en el metro. Al principio yo creía que era porque no se me notaba la panza, pero ahora que es evidente la gente solo te ve y sigue viendo su teléfono o teniendo sus conversaciones, aunque estén ocupando los asientos prioritarios. No es como si la gente en la calle o en las terrazas, o a veces hasta tus amigos que ya han tenido hijos dejan de fumarte en la cara.


Una de las luchas de mi vida es tener una relación donde yo no sea la única a cargo de las tareas domésticas, como es el caso de todas las mujeres en mi familia y hasta ahora no he dejado de hacer mi parte. Pero esas tareas no se esfuman por muy cansada que estés. 


Estoy en una situación privilegiada, las cosas no podrían estar saliendo mejor y aún así, el embarazo no es ningún regalo. Todo lo que lo rodea, el mundo en el que vivimos, la percepción de los demás, la falta de consideración, son una mierda. Y no le deseo a nadie tener que soportar esto en contra de su voluntad. El embarazo es un desafío físico, mental y financiero y la mayor parte de los efectos, de los inconvenientes y de los perjuicios los tiene que soportar la mujer. Soy yo la que tiene que ir a todas esas citas médicas, soy yo la que tiene el sueño ligero, los calambres en la noche, las várices en el muslo, la que ve su cuerpo cambiar cada día, que no entra su ropa, la que tiene que aguantar los comentarios estúpidos, aunque no necesariamente mal intencionados de la gente a mi alrededor. Soy yo la que va a ver lo poco que tenía de carrera profesional perjudicada por esto. Soy yo la que va a tener que dar de mi tiempo, mi energía y mi cuerpo si decido amamantar. Soy yo la que no puede beber, la que tiene que cuidar lo que come, la que tiene que renunciar a miles de cosas, la agua fiesta que está cansada para salir o para quedarse tarde. Todo mundo me pregunta cómo va el bebé, pero nadie pregunta cómo me siento yo. Pero yo sabía en lo que me estaba metiendo y, una vez más, yo decidí esto. Pero nadie, ninguna pareja, ningún gobierno, ninguna religión debería tener el derecho o el poder de imponer esto a nadie, menos a niñas, menos a mujeres que no lo quieren o no lo pueden por cualquier razón que sea.


Siempre he sido pro aborto, desde muy pequeña. Recuerdo los debates en la escuela donde uno de los argumentos de mis compañeras evangélicas era que si una mamá pobre de seis hijos hubiera decidido abortar el séptimo, Mozart no hubiera nacido. Que se joda Mozart, nadie nunca piensa en lo que tuvo que pasar su mamá. Siempre he sido pro aborto y más ahora que estoy empezando a vivir la maternidad en carne propia. Que se joda el Congreso Nacional de Honduras y sus restricciones inhumanas al aborto incluso en caso de incesto o de violación, sus limitaciones a los métodos anticonceptivos y a la educación de las niñas. Que se joda la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos y el peligroso precedente que está dejando para el resto de los países dizque civilizados. Que se jodan todos y que me dejen descansar.




I’m 37 years old and I’m six-months pregnant. This is my first child and this is a desired pregnancy that I was privileged enough to decide and to plan according to my situation. I had access to the morning after pill because it was not yet forbidden in Honduras while I was still living there. I went to planned parenthood clinics in my university in Honduras and years later in Geneva. The latter one sent me to a very good gynecologist who recommended me to have my first child before 35 years old, but I had to renew my funding every year and my professional uncertainty, and my partner’s, did not allow me to follow her suggestion. In 2018, I read a book on the menstrual cycle that made me realize that I had never really understood it and taught me to live it more comfortably and not to just endure it passively. I then started to keep track of my cycle, which was very useful when I finally decided to try to have a child.


For many years, I worried about the possibility of not being able to get pregnant, in part because of my age, but also because my menstrual cycles were getting shorter and shorter and I interpreted it as the sign of a deficient fertility. The ideal financial and professional situation never came, but I reached a yet-unknown level of stability earlier this year when I finished the trial period of my permanent contract, my husband was about to start a working contract, if only for one year, and we found a tiny but decent, well-located and not that expensive apartment in Paris. We jumped into the water and to my great surprise and relief the first attempt was successful.


I am in an extremely privileged position with this pregnancy. I am married to a good man, we are both working and we have a home. I am covered by the French social security; my job covers part of my complementary insurance and I can afford the rest of my medical expenses. As soon as I confirmed my pregnancy, I found a gynecologist who, even though he is always two hours late and his consultations never last more than 15 minutes, at least he works after my working hours so I don’t have to ask for permission to leave early. The social security reimburses birthing classes and I found a midwife who is 10 minutes away from where I live. She recommended many references, including a super complete book on pregnancy and another on breastfeeding. On top of the courses, she will do my follow-up after I give birth.


I was able to register in the public maternity of my arrondissement. It is very well organized and it is in excellent shape. It is clean, welcoming and the entire personnel is very kind. The first mandatory ultrasound and exams were intended to detect genetic anomalies and I am lucky enough to live in a country where I could have terminated my pregnancy should it have been necessary or should I have wanted to.


Besides a super developed sense of smell at first and an even more pronounced constipation that usual, I felt good during my first trimester, without any nausea or vomiting o without needing to ask for any kind of medical leave. I found online a sports program specially for pregnant women, I walk for 2/3 of my half an hour commute and I have remained almost as active as before. I keep going out, seeing friends, traveling and going to concerts as before. I even went for an easy trek on the mountains during my third month.


I just had the second mandatory ultrasound and everything is going well. Things could not be better.


And yet, this is not easy. No one makes things easier for you. The waiting lists for public kindergartens can last for many years and you are never guaranteed a spot in one. Private kindergartens cost half of my salary, unless you get a spot in one where your company agrees to pay for part of it, which is not my case because it is nice for society to have children but it is not its role to take on these expenses. I still don’t know where I will leave my child when I have to go back to work. At no point my company has asked me whether there is something that could make my pregnancy any easier, such as working from home in extremely hot days, which are becoming more frequent as summer goes on.


Life does not improve with pregnancy and people do not magically become more empathic or helpful. It’s not like anyone gives up their seat in the subway. At first, I thought it was because my belly was not yet showing, but now that it is undeniable, people only look at me and keep looking at their phones or having their conversations, even though they are occupying the priority seats. It’s not like people on the street, or in terraces, and sometimes even your friends who already have children, stop smoking in your face.


One of the crusades of my life has been to be in a relationship in which I am not the only one in charge of domestic chores, as it is the case with all women in my family and so far, I have not stopped doing my part. But those chores don't vanish, no matter how tired you are.


I am in a privileged position, things could not be going any better and yet, pregnancy is no gift. Everything that surrounds it, the world we live in, other people’s perceptions, the lack of consideration are pure shit. And I don’t wish for anyone to have to endure this against their will. Pregnancy is a physical, mental and financial challenge and it is the woman who has to endure most of its effects, disadvantages and damages. I am the one who has to go to all of that medical appointments, who has a light sleep, who has muscle cramps at night, varicose veins in her thigh, who watches her body change every day, who does not fit into her clothes, who has to stand the stupid but not necessarily ill-meaning comments of people around me. I am the one who will see the little career I had affected by this. I am the one who will have to give up my time, my energy and my body if I decide to breastfeed. I am the one who can’t drink, who was to watch what I eat, who has to give up to a thousand things, I am the party pooper who is tired to go out and wants to come home early. Everyone asks how the baby is doing, but no one asks how I am doing. But I knew what I was getting into and, once again, I chose this. But no one, no partner, no government, no religion should have the right or the power to impose this to anyone, even less to children or to women who don’t want or cannot go through with this for any reason whatsoever.


I have always been pro-abortion, ever since I was little. I remember the debates at my school where one of the arguments of my protestant schoolmates was that if a poor woman who already had six children were to abort her seventh pregnancy Mozart would have not been born. Fuck Mozart, no one ever thinks of what her mother had to go through. I have always been pro-abortion and even more now that I am starting to experiment maternity in the flesh. Fuck the Honduran National Congress and its inhuman abortion restrictions even in cases of incest or rape, its limitations on contraceptive methods and on education for women and girls. Fuck the US Supreme Court and the dangerous precedent it is leaving for the rest of the so-called civilized countries. Fuck them all. Let me rest.

2 comments

  1. Anonymous10:55 AM

    Muchas felicidades Marcela en esta nueva etapa que comienza. R.P.

    ReplyDelete