He descubierto, por las malas, que no importa cuántas horas duerma en la noche, inevitablemente voy a sentirme agotada al día siguiente. No es que las ocupaciones me extenúen. Paso tardes y noches que antes consagraba a la labor esclavista de hacer planos, viendo series repetidas, series nuevas absolutamente desechables, talk show gringos… si está en la tele, yo lo he visto y tengo algo que decir al respecto. Debido a semejante atrofiamiento mental, decidí tomarme más en serio la lectura, puesto que nada me impide volver a estar con varios libros al mismo tiempo. Me siento cómodamente en mi cama, con el libro del italiano que me dice que estoy leyéndolo, mientras trato de bloquear el mundo externo… pero pienso en si Bret Michaels se quedó con Heather o con Jess. Es horrible.
El problema es que este es un período muerto en el gran esquema de mi vida. No he terminado el semestre, por lo que no puedo sentirme del todo libre para buscar donde hacer mi práctica; de vez en cuando tengo alguna tarea que me haría sentir culpable si reactivara mi cuenta de WoW -el asesino de horas por excelencia-, y no puedo empezar el ciclo de salidas nocturnas y hábitos de perdición porque los fines de semana llegan a mi casa mis amigas a trabajar en Obras.
También está el asunto de que yo estoy sin ley, pero me toca estar de testigo silencioso de los quehaceres ajenos. Es descanso cuando mis papás se van de viaje, y mi hermano hiberna durante el día y pulula en la noche, pero cuando están todos en la casa, de arriba para abajo, no hay relajación posible.
Todos los días son una continua repetición del mismo instante muerto. A falta de distracciones, me las tengo que inventar: el 3 de mayo pasado se celebró el día del arquitecto, y para conmemorarlo el colegio de arquitectos va a tener una serie de conferencias a partir de este viernes. Desde luego que el blog va a unirse al festejo, pero esta vez de una manera ligeramente distinta a los años pasados: he invitado a varios amigos a que contribuyan con proyectos de diseño o críticas arquitectónicas de su autoría para presentarlos por este espacio, para conocer desde otro punto de vista a mis colegas predilectos. También voy a estar de enviada especial por las calles de Tegucigalpa, tomando fotos de las peores construcciones de mi ciudad, porque es necesario denunciar el mal gusto constructivo. Y encontré una crítica del edificio del Banco del País, que hice para la clase de Teoría 3, en el 2005, que merece ser publicada, aunque sea para demostrar que el esnobismo ha sido mi fiel acompañante durante todos estos años.
Quitando eso, la fábula del camello que vive atado a un poste, y que cuando finalmente desatan la cuerda, continúa parado en el mismo lugar, es una excelente metáfora de lo que está pasando.
La facultad de arquitectura, consiste en un amplio espacio central, y dos pasillos. La sala se usa para trabajar, comer, escuchar mala música y platicar lo más alto posible para no dejar que nadie alrededor tenga clases en paz.
En el primer plano de esta foto, apreciamos al adorable arq. García, en plena conversación con un alumno.
Este es el primer pasillo, a la izquierda, que te lleva a la primera sección de las aulas, la dirección de la facultad, y al fondo, a los cubículos de los arquitectos.
El segundo pasillo, el de la derecha, lleva a las otras aulas, a una sala de audiovisuales que no tengo la más mínima idea de porqué está allí porque nadie la usa, y en el extremo final, a los temibles baños.



Las famosas empanadas, que llegan los miércoles y viernes, pero a veces, en días imprevistos, aparecen milagrosamente.


(A cage filled with light?)

Nos alejamos de Arquitectura, para entrar a los reinos prohibidos de Ingeniería Industrial, Química, Mecánica... esas ciencias esotéricas, ocultas y malignas...




Este es un momento muy especial en el año, cuando los de Industrial limpian y hacen funcionar la fuente de la entrada. Es un muy atractivo centro acuático para zancudos.



she is wooed. Nay, she often does wait motionless. That is how
the spider waits for the fly. But the spider spins her web. And
if the fly, like my hero, shows a strength that promises to
extricate him, how swiftly does she abandon her pretence of
passiveness, and openly fling coil after coil about him until he
is secured for ever!”- George Bernard Shaw, “Man and Superman”
Hubo un tiempo en que las hembras eran independientes, autosuficientes, iguales a los machos. Cazaban, corrían, recolectaban. Estas hembras eran como cualquier otro animal, con un período de celo en el que sentían deseos y podían reproducirse. La solidaridad era una condición para la supervivencia, puesto que estos seres estaban más expuestos a los depredadores y a las inclemencias del clima, por lo que vivían en pequeñas comunidades. Sin embargo no existían tratos, alianzas, familias ni ningún tipo de organización. Los hijos no eran un estorbo, puesto que se agarraban de la espalda de sus madres mientras ella deambulaba por los bosques. Pero estos bosques iban poco a poco a ser más escasos con la caída de la temperatura terrestre, 14 millones de años atrás. Los prehomínidos se vieron obligados a bajar de los árboles y a caminar erguidos.
Ese cambio de postura trajo consigo cambios físicos en el cuerpo de nuestros ancestros. El esófago se movió de lugar y de repente se podían emitir nuevos sonidos, que mucho más tarde vendrían a desembocar en el lenguaje que hoy conocemos. Pero las hembras vieron su cavidad pélvica reducirse de tamaño, y los partos se volvieron más difíciles, con mayores probabilidades de muerte para ellas. Sin embargo, algunas de ellas tenían propensión a dar a luz antes de tiempo, cuando el niño aún era prematuro, más pequeño y fácil de sacar. Estas mujeres sobrevivían y transmitían esa característica a su descendencia. La cuestión es que este niño requería de más cuidados, las hembras tenían que cargarlos en brazos ahora que no caminaban como antes, y con las manos ocupadas era muy difícil seguir participando en las actividades cotidianas de alto riesgo y exigencia física.
Se crea una alianza para garantizar la supervivencia de la madre, del niño y en última instancia, de la especie: lo que Helen Fisher denomina el contrato sexual, desde hace cuatro millones de años. Aquellas hembras que tenían la capacidad de copular sin importar el momento del ciclo que estuvieran atravesando eran las más atendidas por los machos, las que tenían qué comer y cómo alimentar a sus crianzas. Las uniones se creaban de manera temporal, pero las consecuencias serían permanentes. De allí en adelante las hembras de los prehomínidos no estarían confinadas a un período de celo para poder tener relaciones sexuales. De cierta forma, fue un círculo vicioso, puesto que una mejor alimentación conllevaba una ovulación más frecuente, más fecundidad, y mayor necesidad de apoyo externo. “La selección estuvo a favor de las hembras y los machos predispuestos a alianzas duraderas”. Esto no significaba monogamia o permanencia, pero tampoco las excluía. La unión con una sola pareja se dio más que nada por razones económicas, porque es más fácil mantener a una sola familia que tener muchas esparcidas por varios lugares.
De allí, el resto es historia: con la creación de la célula familiar se engendraron las emociones, tanto los celos para los machos que temen que esos niños que están criando no sean realmente suyos, como la paranoia al abandono y a la desprotección para las hembras. Las interacciones se fueron profundizando hasta que los homínidos lograron tener sistemas de comunicación, útiles y herramientas, pensamiento abstracto, gobiernos, leyes, enemigos, dioses, religiones.
El libro por supuesto -y por desgracia-, no explica cómo ese contrato implicaría una superioridad psicológica e ilusoria de parte de los hombres, cuando todo comenzó siendo un trueque, un intercambio justo y beneficioso para ambos. ¿Por qué las mujeres vendrían a ser vilificadas por su capacidad sexual, cuando ella es la responsable de que estemos con vida, en un sentido metafórico y en un sentido literal? Que la mujer pueda tener sexo cuando le plazca es lo que hizo sobrevivir a la especie humana. Lo que nos hizo unirnos para ayudarnos, lo que nos hizo sentirnos apegados a nuestras parejas y cooperar en igualdad. ¿Qué significa que sociedades como la nuestra consideren el sexo como algo sucio, pecaminoso, vergonzoso? ¿Que en las universidades de la Ivy League de los Estados Unidos estén aumentando cada vez más los clubes en los que las personas predican y se enorgullecen de ser vírgenes, como si eso fuera alguna prueba de su integridad como personas, de su valor como seres humanos, como si eso las hiciera más virtuosas o inteligentes? Estoy harta de que traten de hablarme mal de otras mujeres porque ellas deciden tener relaciones antes de casarse, especialmente cuando esas personas tienen matrimonios tan atroces que hacen perder la fe en cualquier tipo de unión entre individuos. Y que ellas se sientan culpables, y no puedan vivir consigo mismas por la culpa y el remordimiento y que sientan la necesidad de castigarse por una falta inventada, completamente inventada, estúpida, ridícula, y encima unilateral, porque jamás se ha escuchado de un hombre que se sienta mal por tener relaciones sexuales.
Si en lugar de la represión, se promoviera el sexo, dejaría de una vez por todas de ser esa cosa misteriosa, corrupta y maligna. Me distancio de las expresiones exageradas y escandalosas, que muchos van a argumentar son la principal razón para mantenerlo a oscuras. ¿Será posible que eso llegue algún día a ser algo tan normalmente aceptado como comer o dormir? Corrijo: ¿normalmente aceptado, tanto para hombres como para mujeres, como comer o dormir?
Todo lo que es válido en la dimensión universal es aplicable a la individual.
Definitivamente, una cadena sólo es tan fuerte como su eslabón más débil.
“Los alimentos entran por la boca y en ella son triturados por los dientes. Con los dientes mordemos y masticamos. Morder es un acto muy agresivo, expresión de la capacidad de agarrar, sujetar y atacar. El perro enseña los dientes para demostrar su peligrosa agresividad; también nosotros decimos que vamos a “enseñar los dientes” a alguien cuando estamos decididos a defendernos. Una mala dentadura es indicio de que una persona tiene dificultad para manifestar su agresividad.
Esta relación se mantiene, a pesar de que hoy en día casi todo el mundo, incluso los niños, tiene caries. De todos modos, los síntomas colectivos no hacen sino señalar problemas colectivos. En todas las culturas socialmente desarrolladas de nuestra época, la agresividad se ha convertido en un grave problema. Se exige al ciudadano “adaptación social”, lo que en realidad quiere decir: “represión de la agresividad”. Esta agresividad reprimida de nuestro conciudadano, tan pacífico y socialmente adaptado, vuelve a salir a la luz del día en forma de “enfermedades”, y a la postre, afecta a la comunidad social tanto en esta forma pervertida como en su forma original. Por ello, las clínicas son los modernos campos de batalla de nuestra sociedad. Aquí la agresividad reprimida libra una lucha sin cuartel contra sus poseedores. Aquí las personas sufren los efectos de sus propias maldades que durante toda su vida no se atrevieron a descubrir en sí mismas y a modificar conscientemente.
A nadie debe sorprender que, en la mayoría de cuadros clínicos, nos tropecemos con la agresividad y la sexualidad. Son las dos problemáticas que el individuo de nuestro tiempo reprime con más fuerza. Quizá alguien argumentará que tanto la creciente criminalidad y la proliferación de la violencia como la ola de sexualidad desmiente nuestras palabras. A esto habría que responder que tanto la falta como la explosión de la agresividad son síntomas de represión. Una y otra no son sino fases distintas del mismo proceso. Cuando, en lugar de reprimir la agresividad, se le deja una parcela y se experimenta con esta energía, es posible integrar conscientemente la parte agresiva de la personalidad. Una agresividad integrada es energía y vitalidad al servicio de la personalidad total, que no caerá en los extremos de la mansedumbre empalagosa ni de las explosiones furibundas. Pero este término medio tiene que cultivarse. Para ello debe ofrecerse al individuo la posibilidad de madurar por la experiencia. La agresividad reprimida sólo sirve para alimentar la sombra con la que habrá que lidiar después, cuando se presente bajo la forma pervertida de la enfermedad. Lo mismo puede decirse de la sexualidad y de todas las demás funciones psíquicas.
Volvamos a los dientes, que tanto en el cuerpo del animal como en el del ser humano representan agresividad y capacidad de dominio (abrirse paso a dentelladas). Generalmente, suele atribuirse la magnífica dentadura de algunos pueblos primitivos a la alimentación natural. Pero es que estos pueblos primitivos tratan la agresividad de formas muy diferentes. De todos modos, dejando aparte la problemática colectiva, el estado de los dientes también es revelador a escala individual. Además de la ya mentada agresividad, los dientes nos indican nuestra vitalidad (agresividad y vitalidad son sólo dos aspectos de una misma fuerza, y no obstante uno y otro concepto suscitan en nosotros asociaciones diferentes). Veamos la expresión: “a caballo regalado no les mires el diente”. El refrán se refiere a la costumbre de mirar la boca al caballo que se va a comprar, para calcular la edad y vitalidad del animal por el estado de los dientes. La interpretación psicoanalítica de los sueños atribuye al sueño de la caída de los dientes una pérdida de energía y potencia.
Hay personas que hacen rechinar los dientes mientras duermen, algunas con tanta fuerza que hay que ponerles un aparato en la boca para que no se los desgasten de tanto rechinar. El simbolismo está claro. El rechinar de dientes es sinónimo reconocido de agresividad impotente. El que durante el día no puede ceder al deseo de morder, tiene que rechinar los dientes por la noche hasta desgastarlos y dejarlos romos…
El que tiene mala dentadura carece de vitalidad, de la capacidad de hincarle el diente a un problema. Por lo tanto, todo lo resultará difícil de roer. Los anuncios de dentífricos, describen el objetivo con las palabras “¡…dientes sanos y fuertes para morder mejor!”
La “tercera dentadura” permite simular una vitalidad y una energía de las que el individuo carece. Esta prótesis, como todas, es un engaño. Puede compararse a un aviso de “¡Cuidado con el perro!” que pusiera en la verja del jardín el dueño de un perrito faldero. Una dentadura postiza es sólo un “mordiente” comprado.
Las encías son la base de los dientes, su lecho. Las encías representan también la base de la vitalidad y agresividad, confianza y seguridad en sí mismo. La persona que carece de esta confianza y seguridad nunca conseguirá afrontar sus problemas de forma activa y vital, nunca tendrá el valor para cascar las nueces, ni militar activamente. La confianza es lo que proporciona el necesario soporte a esta facultad, del mismo modo que la encía soporta los dientes. Pero las encías sensibles que sangran con facilidad no sirven para ello. La sangre es símbolo de vida, y la encía sangrante nos indica cómo, a la menor contrariedad, se le va la vida a la confianza y a la seguridad en sí mismo.”


Qué genial esta esto!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Bret Michaels descanse en paz a manos de Archuleta:



Y esta es otra de las mejores: ese pelo asqueroso debe ser eliminado!!!!!!!!!!!!!

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