29 April 2008

Hace cuatro millones de años, se selló nuestro destino

“It is assumed that the woman must wait, motionless, until
she is wooed. Nay, she often does wait motionless. That is how
the spider waits for the fly. But the spider spins her web. And
if the fly, like my hero, shows a strength that promises to
extricate him, how swiftly does she abandon her pretence of
passiveness, and openly fling coil after coil about him until he
is secured for ever!”
- George Bernard Shaw, “Man and Superman”

Hubo un tiempo en que las hembras eran independientes, autosuficientes, iguales a los machos. Cazaban, corrían, recolectaban. Estas hembras eran como cualquier otro animal, con un período de celo en el que sentían deseos y podían reproducirse. La solidaridad era una condición para la supervivencia, puesto que estos seres estaban más expuestos a los depredadores y a las inclemencias del clima, por lo que vivían en pequeñas comunidades. Sin embargo no existían tratos, alianzas, familias ni ningún tipo de organización. Los hijos no eran un estorbo, puesto que se agarraban de la espalda de sus madres mientras ella deambulaba por los bosques. Pero estos bosques iban poco a poco a ser más escasos con la caída de la temperatura terrestre, 14 millones de años atrás. Los prehomínidos se vieron obligados a bajar de los árboles y a caminar erguidos.

Ese cambio de postura trajo consigo cambios físicos en el cuerpo de nuestros ancestros. El esófago se movió de lugar y de repente se podían emitir nuevos sonidos, que mucho más tarde vendrían a desembocar en el lenguaje que hoy conocemos. Pero las hembras vieron su cavidad pélvica reducirse de tamaño, y los partos se volvieron más difíciles, con mayores probabilidades de muerte para ellas. Sin embargo, algunas de ellas tenían propensión a dar a luz antes de tiempo, cuando el niño aún era prematuro, más pequeño y fácil de sacar. Estas mujeres sobrevivían y transmitían esa característica a su descendencia. La cuestión es que este niño requería de más cuidados, las hembras tenían que cargarlos en brazos ahora que no caminaban como antes, y con las manos ocupadas era muy difícil seguir participando en las actividades cotidianas de alto riesgo y exigencia física.

Se crea una alianza para garantizar la supervivencia de la madre, del niño y en última instancia, de la especie: lo que Helen Fisher denomina el contrato sexual, desde hace cuatro millones de años. Aquellas hembras que tenían la capacidad de copular sin importar el momento del ciclo que estuvieran atravesando eran las más atendidas por los machos, las que tenían qué comer y cómo alimentar a sus crianzas. Las uniones se creaban de manera temporal, pero las consecuencias serían permanentes. De allí en adelante las hembras de los prehomínidos no estarían confinadas a un período de celo para poder tener relaciones sexuales. De cierta forma, fue un círculo vicioso, puesto que una mejor alimentación conllevaba una ovulación más frecuente, más fecundidad, y mayor necesidad de apoyo externo. “La selección estuvo a favor de las hembras y los machos predispuestos a alianzas duraderas”. Esto no significaba monogamia o permanencia, pero tampoco las excluía. La unión con una sola pareja se dio más que nada por razones económicas, porque es más fácil mantener a una sola familia que tener muchas esparcidas por varios lugares.
De allí, el resto es historia: con la creación de la célula familiar se engendraron las emociones, tanto los celos para los machos que temen que esos niños que están criando no sean realmente suyos, como la paranoia al abandono y a la desprotección para las hembras. Las interacciones se fueron profundizando hasta que los homínidos lograron tener sistemas de comunicación, útiles y herramientas, pensamiento abstracto, gobiernos, leyes, enemigos, dioses, religiones.

El libro por supuesto -y por desgracia-, no explica cómo ese contrato implicaría una superioridad psicológica e ilusoria de parte de los hombres, cuando todo comenzó siendo un trueque, un intercambio justo y beneficioso para ambos. ¿Por qué las mujeres vendrían a ser vilificadas por su capacidad sexual, cuando ella es la responsable de que estemos con vida, en un sentido metafórico y en un sentido literal? Que la mujer pueda tener sexo cuando le plazca es lo que hizo sobrevivir a la especie humana. Lo que nos hizo unirnos para ayudarnos, lo que nos hizo sentirnos apegados a nuestras parejas y cooperar en igualdad. ¿Qué significa que sociedades como la nuestra consideren el sexo como algo sucio, pecaminoso, vergonzoso? ¿Que en las universidades de la Ivy League de los Estados Unidos estén aumentando cada vez más los clubes en los que las personas predican y se enorgullecen de ser vírgenes, como si eso fuera alguna prueba de su integridad como personas, de su valor como seres humanos, como si eso las hiciera más virtuosas o inteligentes? Estoy harta de que traten de hablarme mal de otras mujeres porque ellas deciden tener relaciones antes de casarse, especialmente cuando esas personas tienen matrimonios tan atroces que hacen perder la fe en cualquier tipo de unión entre individuos. Y que ellas se sientan culpables, y no puedan vivir consigo mismas por la culpa y el remordimiento y que sientan la necesidad de castigarse por una falta inventada, completamente inventada, estúpida, ridícula, y encima unilateral, porque jamás se ha escuchado de un hombre que se sienta mal por tener relaciones sexuales.

Si en lugar de la represión, se promoviera el sexo, dejaría de una vez por todas de ser esa cosa misteriosa, corrupta y maligna. Me distancio de las expresiones exageradas y escandalosas, que muchos van a argumentar son la principal razón para mantenerlo a oscuras. ¿Será posible que eso llegue algún día a ser algo tan normalmente aceptado como comer o dormir? Corrijo: ¿normalmente aceptado, tanto para hombres como para mujeres, como comer o dormir?

3 comments:

  1. No hay alguna continuación del libro? Sería interesante si pudo explicar todo lo biológico, darle un enofuqe psicológico

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  2. 10 años después de este, publicó "Anatomy of Love – a Natural History of Mating, Marriage, and Why We Stray", que probablemente cumpla con la función de secuela, pero tendría que leerlo para estar segura. Como nota interesante, su tercer libro se llama "The First Sex – the Natural Talents of Women and How They are Changing the World", en contraposición a Simone y su "Segundo sexo".

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  3. Toda la razon,y pensar que estamos en plenos siglo 21.En latinoamerica es donde mas se condena a la mujer por no llegar virgen al matrimonio esencialmente por ser una zona con poblacion mayormente catolica,probablemente si la Iglesia evolucionara habria algun tipo de reforma y se dejaria de ver como tabu el sexo.
    Carignos Marcela.

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