04 March 2007

la vida en miniatura

Me fascina cuando mis papás cuentan historias de mi infancia. Es una práctica narcisista, lo reconozco, pero me encanta imaginarme minúscula (deje su chiste aquí) y haciendo ese montón de loqueras que narran. Por ejemplo, para dejar claro, de una vez por todas, que esta familia gira alrededor mío, analicemos el caso de mi hermano. Se estaba volviendo solitario mi trono de primogénita, y cuenta la leyenda que yo me sentaba frente al portón de mi antigua casa, a llamar a mis vecinas para que llegaran a jugar. De allí su existencia. Cuando él nació, tuve a mi discípulo perfecto por que no quiso hablar hasta como a los tres años, lo que me permitía sobre-expresarme a la perfección. Dicen que yo era tan parlanchina, que una niñera muy tímida que tuvimos, me desesperaba. Yo me paraba frente suyo y agitando los brazos la regañaba: "Hable Vicenta! ¡Hable!!"

Gracias a mi padre, desde el inicio de los tiempos me gusta la música. Cuando él regresaba de trabajar, le pedía que pusiera una canción de the Carpenters, que yo llamaba "Lala" por unos niños que cantan en el coro (muchos años después, supe que la canción se llama "Sing"). Mi pobre padre tenía que aguantar que yo la repitiera más de 10 veces seguidas por noche. Lo que más me gustaba hacer cuando estaba pequeña era quedarme tirada en el sofá escuchando el soundtrack de la novela "Quinceañera" (todavía quisiera encontrar una forma de retroceder el tiempo para enmendar esa pobre elección). Preocupados por mi inactividad aguda, mis papás me inscribieron en el kínder. Pero allá sólo llegaba a tirarme a dormir en la casa de muñecas. La profesora me regañaba, yo no le hacía caso y me reportó, diciendo que yo tenía problemas psicológicos. Me llevaron donde un doctor para hacerme todo tipo de pruebas, y resultó que yo estaba perfecta, simplemente era una rebelde prematura. Todas mis notas de preescolar están plagadas de comentarios de los maestros del tipo "no termina sus trabajos, no obedece, no muestra interés". Llegaba de la escuela directo a tomar biberón. Un día me propusieron llevarlo a clases, y yo por supuesto me negué alegando que me daba pena tomarlo frente a mis compañeros. De hecho, ese fue el instrumento de chantaje que usaban mis papás. Cuando no quería portarme bien, amenazaban con contar que yo a mi edad seguía con esa costumbre, o simplemente me lo prohibían. Para quitármelo, tuvieron que quitárselo a mi hermano también y fue necesario convencerlo de que ya era un niño grande, y que los niños grandes no toman pepe. Yo tenía seis años en esa época. Qué buena vida despreocupada y ligera…

5 comments:

  1. yo iba al kinder con un tupper de arroz blanco y spam (no pregunten...a mi me gusta); acompañado de un pepe. asi se veia mi lonchera...y seguro si todavia tendria una...contendria lo mismo.

    lol

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  2. yo tenia una lonchera de mystics o alguno de esos grupos glam rock ridiculos, no se porque. mi mama igual a la tuya se deleita con historias mias, una vez dice mi mama q una empleada se corto la mano, y yo una pistarra de cuatro años agarre papel, un trapo, le puse pasta de dientes, le eche alcohol y le "vende" la mano como un enfermero profesional. hay otras anecdotas que si recuerdo que hice, como a los seis años intente hacer un avion de lego, de verdad, y yo en mi mente recuerdo que estaba metido al rollo de que iba a hacerlo volar y llevar a mi familia en ella a todo el mundo. Marce, desde siempre ya veo que has sido una rebelde sin causa, es por eso que sos unica. que bien fue verte de pequeña en tus palabras, tenes q enseñarme fotos tuyas (y de bertha ;)) cuando estabas pequeña.

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  3. Me evocas a calvin version niña combinada con algo de mafalda con tu hermanito como guille, el hobbes es el que no logro ubicar, creo que no lo necesitabas porque con tu hiperactividad valias por dos...."Hable Vicenta, Hable" jajajajaja, me estuve echado un buen rato riendome de eso, es que ya te imagino...:P

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  4. Sabés quién era Hobbes? Mi amigo imaginario Billy. Yo jugaba todos los días con él hasta que mi mamá me dijo que se había ido a San Pedro Sula con su papá, y yo le creí.

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  5. Todos tuvimos que ser tan divertidos en versión miniatura. Yo recuerdo que cuando regresé de la URSS con mi mamá, estaba de moda allá que los niños usaran sandalias blancas, y yo muy carretón de la moda, me conseguí unas sandalias blancas. Lo divertido fue que cuando regresé a Honduras, me daban pena esas sandalias, y me senté en la acera del Kinder porque no quería entrar con las sandalias. Mi mamá amenazó con quitátermelas y así andaría puro de esos "niños de la calle, sucios" y como Yanis chiquito era TAN metido a rollo con ser limpio... al final me las puse y entré así al kinder.

    Estoy más que seguro que Marcela chiquita debió haber sido un espectáculo.

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