25 April 2009

Una semana con un curador del Museo del Barrio y con Pablo Helguera

El lunes hubo en la Escuela Nacional de Bellas Artes una charla con el señor Elvis Fuentes, un curador del Museo del Barrio en Nueva York. Su exposición trató sobre la vida y obra de dos artistas latinoamericanos muy reconocidos de los últimos tiempos, Ana Mendieta y Félix González Torres. La primera es una artista de origen cubano, que junto a su hermana fueron enviadas por sus padres a los Estados Unidos en la famosa “Operación Peter Pan”. Estudió Arte en la Universidad de Iowa, una de las pocas mujeres y aún peor, latina, de su generación. Justamente de esa situación es que surge el performance en el que se pega barba de un compañero suyo, para simular que es un hombre. Las obras que mostró el señor Fuentes fueron los performances más famosos que ella realizó en su corta carrera. En su primera “etapa” por decirlo así, sus exploraciones eran principalmente sobre su condición de mujer y sobre la violencia en general. Ella se tomaba fotografías en las que deformaba intencionalmente su cuerpo, ya sea con una placa de vidrio en la que se pegaba de cuerpo entero o sólo su cara, que también alteraba con una media con la que jalaba partes de su cabeza. En una de sus fotografías aparece con una proyección de un esqueleto en su cuerpo. Ella misma se convertía en el objeto de arte al mimetizarse en paisajes, ríos o huecos de tierra que simulaban tumbas en los que se cubría con raíces, entre otros. En uno de sus primeros trabajos como estudiante derramó sangre de manera que pareciera que esta provenía de una puerta a orillas de una calle transitada, como si acabara de suceder un crimen adentro. Nadie quiso investigar si eso realmente había pasado. En otra ocasión ella se cubrió enteramente con vendas ensangrentadas, se acostó en la calle y se colocó un corazón encima. También costó que alguien llegara a preguntarle si estaba bien. Pero de esa serie de obras que hacen referencia a la apatía de las personas una de las más impactantes fue la que hizo cuando una de sus compañeras de la universidad fue víctima de violación. Al ver la reacción indiferente de sus colegas ella los invitó a una fiesta en su apartamento, pero cuando estos llegaron se encontraron con un cuarto oscuro y en desorden, y con Ana desnuda como si ella misma hubiera sido víctima de un ataque, para denunciar el hecho de que todo mundo responde a una fiesta pero no a una injusticia. Más adelante ella explora la conexión con la naturaleza, porque como mujer uno está más en armonía con los ciclos naturales, y se funde con árboles cubriéndose enteramente de lodo y posando sobre troncos, pero poco a poco su arte se vuelve menos figurativo y se inclina más hacia lo abstracto. Ana se casa con un famoso escultor de la corriente minimalista llamado Carl Andre, pero en medio del proceso de divorcio tiene una fuerte discusión con él que resulta en ella cayendo del piso 34 de un edificio en circunstancias muy extrañas. Carl Andre fue enjuiciado y absuelto de todo tipo de cargos, pero a raíz de la muerte de Ana se produce una ruptura en el mundo del arte entre los que defienden a Carl, que eran en su mayoría hombres blancos, y los que están del lado de Ana, las mujeres y las minorías étnicas.

A pesar de que hay mucho que hablar de Félix González Torres una de las cosas que más me gustó es su forma de hacer protesta en contra de la institución del arte y en especial de la museística. Él creía que la mejor manera de reaccionar en contra de todo este mundo era introducirse en él y combatirlo desde adentro, como un virus, y muchas de sus obras tratan de romper con la forma tradicional de ser abordadas en los museos o galerías. El movimiento reinante de su época era el minimalismo, que bajo su perspectiva era beneficioso para él puesto que los minimalistas habían pintado la pared de blanco y ahora él tenía libertad de pintar sobre ella lo que quisiera. Ponía bloques de afiches que el público podía agarrar a su gusto y luego hacer con ellos lo que quisieran. De lejos se percibía como una escultura, aparentemente minimalista, pero al acercarse se miraba que no era una sola pieza, sino varios papeles, haciendo reflexionar sobre lo engañoso que era el mencionado estilo. Casi nunca sus obras tenían título, pero en una ocasión puso un bloque de afiches con el nombre de “N.R.A.” las siglas de la National Rifle Association, la organización que aboga por la propiedad y el uso de las armas en los Estados Unidos. Junto a esta pieza colocó otro bloque de afiches, este a su vez con fotos de las personas que habían muerto en una semana en crímenes con armas de fuego según el New York Times. Su intención era hacer una especie de encuesta, para ver qué pila se gastaba más rápido y resultó ser la de la N.R.A. Su arte era consumible y disfrutable, haciendo alfombras de confites que uno podía comer, o haciendo retratos de personas con sus caramelos favoritos formando una montaña que pesaba lo mismo que la persona. Sus obras se proyectaban también fuera de los museos, alquilando espacios destinados normalmente para publicidad y pegando fotos de la cama vacía de cuando murió su novio Ross a causa del SIDA, o la foto de la mano de un amigo suyo que perdió a su esposa por la misma enfermedad. Hacía cortinas con cuentas de color blanco y rojo, simulando los glóbulos de la sangre que contaminaban metafóricamente a las personas que las atravesaban. El retrato de Ross con caramelos era el único que no se volvía a rellenar como una manera de decir que se estaba desvaneciendo lentamente. El tema de la homosexualidad lo aborda con objetos iguales puestos uno al lado de otro, como las placas redondas de mármol, los espejos circulares y los relojes. Esta última pieza también cobra un significado especial por su nombre “Amantes perfectos” ya que expresa cómo algún día uno de ellos tiene que morir y el otro va a verse obligado a seguir adelante, además que el tiempo se vuelve una obsesión cuando uno está condenado a muerte.

El martes el señor Fuentes se presentó en el Centro Cultural de España en Tegucigalpa, hablando sobre la historia y la filosofía del Museo del Barrio, actualmente ubicado en la Quinta Avenida de Nueva York, nada mal para ser un museo sobre arte puertorriqueño y latinoamericano. Comenzó como un lugar para mostrar las obras de artistas puertorriqueños únicamente, una de las más numerosas y organizadas comunidades de inmigrantes en Nueva York y es justamente por eso que ellos tienen el protagonismo en la institución y quitando el actual director todos los demás han sido de Puerto Rico. A medida que ha pasado el tiempo han ido incorporando más y más artistas de otros orígenes, siempre de Latinoamérica y hasta de España. El museo realiza cada dos años una Bienal en la que presentan las mejores obras que han recibido por parte de artistas que buscan mostrar su obra. Actualmente el señor Fuentes se encuentra realizando un viaje “exploratorio” por toda América Central para estudiar sus escenas artísticas y proponer uno de los países como tema de una próxima bienal. El museo estará cerrado hasta en otoño de este año por encontrarse en remodelación, y en la charla se mostraron las animaciones de los futuros cambios al edificio.
El jueves, también en el Centro Cultura de España en Tegucigalpa, se inauguró la exposición sobre la “Escuela Panamericana del Desasosiego” del artista mexicano Pablo Helguera, quien también dio una charla explicando el proyecto. Con una camioneta y una carpa financiada por una fundación canadiense el artista se embarcó en un viaje de más de 120 días por toda la carretera panamericana, comenzando en Alaska y terminando en Tierra del Fuego, con el fin de investigar la percepción que tienen los artistas de la situación que están viviendo. Para ello creó una institución, la escuela ya mencionada, y se inventó un país “Panamérica”, con todo y su himno, basándose en los ideales de unión americana de Simón Bolívar. Al llegar a cada ciudad instalaba la carpa, donde eran invitados artistas regionales a discutir sobre cualquier cosa que captara su interés y donde Helguera no participaba directamente, ni siquiera como mediador. Su intención primordial era escuchar y aprender de cada uno de los asistentes, y que estos al final del evento crearan un manifiesto en el que expresaban las resoluciones a las que habían llegado. El recorrido comenzó con una entrevista a la última parlante viva de la lengua eyak, en Alaska y terminó con una entrevista también a otra última parlante pero de la lengua yagán en Tierra del Fuego. Estas entrevistas, que no habían sido la intención primordial del viaje, eran producto de un interés de Helguera por las lenguas en proceso de extinción y las lenguas clasificadas como muertas, que él comenzó a estudiar para otro proyecto que había realizado anteriormente. Su viaje estuvo repleto de aventuras increíbles, papeleos interminables en las diferentes aduanas, y algunas decepciones como el robo de su laptop en Colombia, accidentes automovilísticos y la desaparición de su camioneta en Venezuela, además de tener la oportunidad de conocer a muchas personas y de cierta forma la cultura y esencia de cada país donde su carpa era interpretada de diferentes maneras según el lugar: como parte de un partido político, movimiento religioso, o como en Honduras, donde estuvo frente a la Galería Nacional de Arte en el año 2006, como ayuda internacional (¬¬). La exposición en el CCET consta de fotografías que explican el viaje, algunos videos documentales y una serie de collages que realizó el artista como producto del proyecto (y ya está abierta al público). Su testimonio es realmente inspirador.

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