19 August 2011

Mi iniciación al submundo de los mochileros

Al haberme asignado a una familia para este viaje tuve un pequeño recordatorio de lo que se siente vivir con mis padres, algo que ya voy a tener un año de no experimentar. Quiero creer que he sido una buena hija, en el sentido que me ofrezco a ayudar en la cocina, comparto con los padres, los hijos, los abuelos y sus amigos y trato de ver mis series por la madrugada lo más tarde posible. Sin embargo, creo que todos esos esfuerzos se vinieron abajo cuando al cuarto día de vivir en casa decidí que quería conocer otros parajes y me puse en contacto con otros chicos del evento que iban todos juntos a la playa. El viaje original era únicamente ir a Kenting, unas playas muy populares del sur, pasar la noche y regresar al día siguiente a ser una hija adoptiva ejemplar. Pero la rebeldía salió a flote, mucho más pronto de lo que cualquiera hubiera anticipado.

Me fueron a dejar a la estación de tren de Douliu, cerca del pueblo de Gaolin donde vive mi familia adoptiva (al fin averigüé mi ubicación exacta!) y me embarqué hacia Chiayi, donde me encontraría con Ana Cristina, una participante de Guatemala. De allí saldríamos en tren de alta velocidad a Zuoying, de donde tomaríamos un bus hasta Kenting. Algo excelente en teoría, lo único es que pregunté a mi familia si la estación donde yo estaría llegando desde Douliu a Chiayi era la misma de la que tendría que salir para Zuoying y a pesar de los intentos de comunicación,  gestos y hasta dibujos, de todas formas terminé en la estación incorrecta. Pero nada que una visita al centro de información turística no pudiera arreglar: me indicaron cómo tomar un bus que me llevaría gratis de la estación de trenes regionales a la estación de trenes de alta velocidad –porque sí son diferentes-. Me encontré con Ana Cristina y nos fuimos a Zuoying donde nos esperaban Hristo, un chico de Bulgaria (igualito a mi profesor de física de último año de secundaria!!!), Edrich, de Singapur, Gerson de Guatemala también y Chantale, una antigua compañera de la universidad de Gerson. Tomamos un bus directamente de la estación hasta Kenting, donde hacía aún más sol y calor que en Yunlin, donde yo creía que no podía ser más deshidratador.

Estando allá nos pusimos en contacto con otro chico del evento que estaba de paseo en el lugar. Queríamos ver la posibilidad de quedarnos en el mismo hotel que él y los amigos que lo acompañaban, pero ni él podía explicarnos la ubicación exacta ni nosotros pudimos averiguarla, a pesar que Edrich podía hablar mandarín. Ante semejante adversidad decidimos tomar el destino en nuestras manos e irnos a la playa a ver el atardecer. Varias horas después, volvimos a llamar al chico pero este se había contrariado porque al parecer nos estuvo esperando para ir a cenar y como nunca llegamos se impacientó y se fue. Nos fuimos entonces a buscar donde pasar la noche, por nuestro lado. Aquí me gustaría llamar la atención sobre cómo este viaje fue exactamente lo contrario a lo que yo hago normalmente. Para empezar, este viaje nunca hubiera sido planeado por mí porque señorita Obsesiva-compulsiva lo hubiera tenido todo reservado y/o comprado con varios meses de anticipación. Para ahorrar, por supuesto. Porque esta es temporada de vacaciones, es verano y esas son unas playas populares, por lo que el pueblo estaba repleto, los hoteles estaban llenos y los que tenían habitaciones estaban bien caros. Eran las 9 de la noche y nosotros deambulábamos las calles con nuestras pesadas mochilas, algunos luego de meterse al mar y con nuestro presupuesto deplorable preguntábamos de hotel en hotel si nos podíamos hospedar. Pero será que finalmente he alcanzado ese estado de flexibilidad que tanto he querido alcanzar después de leer tanta auto-ayuda que no sólo no me preocupaba por lo del alojamiento o los planes futuros, porque nadie quería regresar a su pueblo de estadía al día siguiente (planes para los que yo no tenía ropa por cierto), sino que además me estaba divirtiendo! Claro, las cervezas ayudan mucho a la flexibilidad, pero con ese calor se evaporaron casi inmediatamente.

Cosa extraña, en ese pueblo tan turístico y de moda todo estaba cerrando entre las once y las doce de la noche, así que terminamos probando vino de arroz y licor guatemalteco de rosa de Jamaica a orillas de la playa. Y luego recreamos la infame sesión de fotos de Fleetwood Mac hecha por Annie Leibovitz para Rolling Stone, apilando seis personas en dos camas. Nos despedimos de Kenting al día siguiente, tomando en un bar de playa el licuado de mango más caro de la historia de las frutas tropicales, sólo para poder sentarnos bajo una sombrilla porque de lo contrario nos íbamos a desmaterializar. La próxima parada era Kaohsiung. 



Having been assigned to a host family here in Taiwan I had a little reminder of what it was to live with my parents, something I have not experienced in over a year. I want to think I have been a good daughter, in the sense that I offer to help in the kitchen, I share with the whole family and their friends and I try to watch my tv series late at night as quiet as possible. Even though, all my efforts went down when just four days into living at home I got the urge to explore new places and I got in touch with other people from the event that were going to Kenting. The original plan was to go there for one day, spend the night and come back in the afternoon to continue being a good daughter, but it proved to be an impossible task.

My host mother gave me a lift to the Douliu train station, near the village where my host family lives, Gaolin and I got onboard to Chiayi, where I would meet Ana Cristina, from Guatemala. There we would take the High speed train to Zuoying, where we would take the bus to Kenting. A perfect plan in theory, the problem was that I asked my family if the station where I would arrive from Douliu to Chiayi, was the same that I would have to be at to go to Zuoying, but in spite of our communication efforts, gestures and drawings included, I ended up in the wrong station. Nothing that a visit to the tourist information center couldn’t fix: they told me how to take a bus that would take me for free from the regional train station to the High speed one –because in fact, they are different-. I met Ana Cristina and we went to Zuoying where we were awaited by Hristo, from Bulgaria, Edrich from Singapur, Gerson from Guatemala and his friend Chantale from Haiti. We took a bus directly from the station to Kenting, where it was even sunnier and hotter than in Yunlin, where I thought it could not be more dehydrating to begin with.

When we got there we got in touch with Christopher, from Denmark, who was also there. We wanted to see if we could stay at the same hotel as him and his friends, but he couldn’t explain the location of the hotel and we weren’t able to figure it out, even though we had Edrich who speaks mandarin and who was asking everyone. In the face of this tremendous adversity we decided to take matters into our own hands and we went to the beach to watch the sunset. Many hours later we went to look for a place to spend the night. Here I would like to point out how this trip was exactly the opposite that I normally do when I travel. First, this trip would have not been possible because Miss Obsessive-compulsive would have planned it months in advance. In order to save money, of course. Because this is high season, it’s summer and these are popular beaches, so the town was crowded, the hotels were full and the ones who had place were very expensive. It was 9 in the evening and we were wandering the streets with our heavy backpacks and our sad little budget we asked in every hotel if we could possibly stay there. But maybe I have finally reached that flexibility state that I have wanted to reach so badly after reading so many self-help books that not only was I not worried about the accommodation or the future plans –because everyone wanted to keep traveling more, for which I had no clothes whatsoever- but I was having fun!

Funny thing, this very touristic spot has its bars closing between 11 and midnight, so we ended up in front of the sea. The next day we said goodbye to Kenting by drinking the most expensive mango smoothie in the history of tropical fruits, just so we could sit under an umbrella at the beach because otherwise we would have evaporated. Next stop was Kaohsiung. 

1 comment:

  1. Oh lord! Qué aventuras las que vives!! Me encanta que la esté pasando tan bien y así tiene que seguir!!

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