29 April 2010

Hell hath no fury like a woman whose favorite contestant was booted from American Idol


Todos los años escribo este post. Y probablemente este sea el último, pero todos los años digo lo mismo y vuelvo a caer. Pero es que no es posible que cada año American Idol se encargue de eliminar a mi concursante favorito, aquel de la voz prodigiosa, del look único, del que me dan ganas de comprarle las canciones, si tan sólo Herminio no supliera mis necesidades en cuanto a música pirata se refiere.

El año antepasado botaron a Carly Smithson, mi tatuada favorita, una eliminación que me dolió particularmente porque la compartí con Juank, que se encontraba en los Estados en esos días y a quien obligaba a que votara por ella cada martes por la noche. El gran problema de Carly, y me lo imaginé desde un principio, era su esposo tatuado de pies a cabeza –cara incluida-, y lleno de piercings. En circunstancias normales eso no habría tenido gran impacto, pero en una competencia mitad talento/mitad concurso de simpatía, no es muy recomendable que inmediatamente después de la canción enfoquen al esposo con aspecto de marero. Que de paso nunca sonreía. Carly se esfumó en el olvido de la industria musical, pero su rendición de “Come together” de los Beatles todavía me da escalofríos. Incluso cuando tuve la oportunidad de jugar “Rock Band” y puse esa canción tenía la pequeña esperanza que fuera su versión.

Ese mismo año competía Brooke White, una pianista con demasiadas influencias de Carly Simon, Carole King y Joni Mitchell. Pero era tan dulce y tan talentosa que me hubiera conformado con que ella ganara, a falta de mi otra concursante favorita. Todo iba viento en popa, hasta que una semana se le olvido la canción… Así que ese año la final la disputaron el “hondureño” David Archuleta y el rockero David Cook. Por si alguien no lo recuerda, yo iba por Cook. Para empezar Archuleta escogía canciones horrendas porque a los 16-17 años no se tiene algo esencial para estar en American Idol: CRITERIO. Archuleta era un niño manipulado por su stage-dad que quería hacerse rico a costa de su hijo con talento para no desafinar. David Cook ganó y tuve unos cuantos meses de paz. Hasta que un día iba en la radio, pusieron una canción toda pegajosa que no me podía sacudir por varias semanas, y un tiempo después descubrí que era de Archuleta. Toda una lección en humildad.

El año pasado mi consentido era Adam Lambert, un tipo ya mayor para estándares de estrella pop, tenía 28 o 29 años y mucho tiempo de estar intentando ganarse la vida como cantante. Era extravagante en su ropa y en sus elecciones de canciones, pero nunca era aburrido. La final Kris Allen vs. Lambert resultó en una total decepción con el triunfo de Allen, de quien sólo he vuelto a escuchar una versión de “Heartless” de Kanye West que es mejor que la original. Pero aparte de eso se ha hecho polvo.

Por supuesto, en un concurso de clichés el mío siempre es el rockero. ¿Bo Bice vs. Carrie Underwood? Mil millones de veces Bo Bice. Así como Chris Daughtry y Constantine Maroulis. Ninguno de ellos ganadores. ¿Así que, por qué he continuado y continúo todavía con este ejercicio en masoquismo durante 5 meses enteros en los últimos 7 años (no vi las primeras 2 temporadas)? Porque algún día, tal vez algún día, los gringos aprendan que no hay cantidad de ropa fea y peinados raros que puedan opacar el talento de una persona. Este año la final tenía que ser Siobhan Magnus vs. Crystal Bowersox. Esta última una descendiente de Janis Joplin, con la ropa hippie y el pelo sucio, pero una súper buena voz y presentaciones impredecibles. Crystal ha sido la favorita de los jueces durante todo este tiempo, lo que puede resultar perjudicial ya que la gente siente que no necesita más apoyo del que ya recibe. Siobhan era otra que parecía que casi nunca se equivocaba y esta semana que no tuve tiempo de ver el programa continuaba mi vida con la confianza en que la niña era intocable y que finalmente habían botado al insípido de Aaron Kelly. Pero no me extraña saber que fue en la semana de música country que Magnus fue despachada. Esa música horrible sólo Ryan Adams y Neko Case la saben rescatar.

¡Qué decepción! ¡Qué pésimo! ¿Cómo pudieron haber preferido las cursiladas gastadas de Michael Lynche, o repito, de Aaron Kelly, a Siobhan? Cuando dicen que la nuestra es una cultura en decadencia tienen toda la razón. El mundo se va a acabar y estoy segura que será pronto, porque semejantes injusticias sólo pueden ser señales de que el fin está cerca.

Todos los años escribo este post, pero con la salida inevitable de Simon Cowell después de esta temporada, es casi seguro afirmar que este año será mi último de aguantar la angustia cada martes y tragarme la cólera cuando se deshagan del concursante que debía ganar. La vida es cruel y despiadada, pero ¿no se me puede dar gusto aunque sea en un reality show? Ni modo, ahora más vale que gane Crystal, si no va a correr sangre por este blog.

Los dejo con una de mis presentaciones favoritas, “Paint it black” de la semana tributo a los Rolling Stones.

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