22 May 2008

Se ha hecho justicia, señoras y señores

Showbiz Tonight tiene una encuesta hoy sobre si es justo que David Cook haya ganado American Idol. Y tengo la sospecha que después del último correo que le envié a A.J. Hammer continúo siendo televidente non-grata y ni se le va a cruzar por la mente publicar el comentario que le envié en esta ocasión, por lo que voy a tener que hacer uso del blog una vez más para ventilar mis omnisapientes opiniones de cultura pop.

El hecho de que haya gente cuestionando siquiera si es justo que Cook haya ganado es un signo inequívoco de la manipulación descarada de la que hemos sido víctimas en los últimos cuatro meses de parte de los productores y de los jueces para que Archuleta ganara. He tenido que tomar como válidas todas esas teorías de la conspiración, porque después que nos enteramos, gracias a la despistada de Paula, que los juicios a los concursantes no sólo son emitidos en base a su desempeño en el programa, sino también de los ensayos y pruebas de sonido, cuando criticó una canción que el horrendo de Jason Castro no había cantado aún, era imposible continuar negando lo obvio y evidente. En todos los programas de la competencia en sí, donde era el público el encargado de conservar y eliminar a los muchachos, siempre hubo dos estándares para criticar a los cantantes: el aplicable al minino de 17 años y el que serviría para los demás. Cada semana fuimos testigos de cómo los concursantes eran eliminados por las razones más disparatadas: por haber sido estrípers; por haber tratado de imitar el falsetto de un Steven Tyler pre-cuarenta-cigarrillos-diarios; por tener un brazo y un esposo con la cara tatuada; por querer aligerar las cosas después de una semana terrible con Andrew Lloyd Webber… Los mejores concursantes, los más talentosos, fueron sacrificados al más mínimo faux-pas. Errores que Archuleta muchas veces cometió pero que casi nunca fueron reconocidos por los jueces. A él se le olvidaron las letras en numerosas ocasiones, él cantaba el mismo tipo de melodías sensibleras todas las semanas, él elegía canciones que no fueron comerciales y que no lo serían bajo ninguna circunstancia, y siempre obtuvo el mismo tipo de respuesta: “Qué genial! Qué talento!!” Todo el escándalo que hubo por tener un “stage dad”, que lo manipulaba para que cambiara las letras, para que cantara de cierta forma, nos hizo pensar que probablemente es un niño muy pequeño para entender en lo que se estaba metiendo. Pero cuando cantó “Imagine” por segunda vez en la final, sólo porque había tenido éxito con ella unos meses antes, terminó de demostrar que no tiene personalidad. Simon destruyó a Cook esa noche diciendo que Archuleta había ganado los tres rounds, y que, de la misma forma que su rival, debió haber cantado alguna de las canciones con las que le había ido bien en semanas anteriores, pero Cook le respondió que él miraba esto como una progresión, y que no le encontraba sentido a repetir lo mismo.

Nos fuimos a dormir esa noche imaginando los encabezados ridículos de El Heraldo: “Hondureño gana American Idol”. Estábamos desolados, pero resignados: el chico de las buenas notas pero el cero criterio independiente iba a reinar sobre nosotros. Y que así fuera, después de todo, va a vender más discos el rockero. Pero vimos la eliminación, y hasta el último momento, cuando ya no teníamos esperanzas, fuimos recompensados: por un margen de 12% en los votos, triunfó la sensatez y la justicia. Honestamente, no veo qué ganaban los productores y los jueces con que ganara el niño que ellos favorecían: en estos tiempos ya no es tan vendible la imagen de niño bueno castrado. Pero me encanta ver las caras de incredulidad y depresión de los que ya creían tener a un vencedor en los bolsillos. Puedo ver este video una y otra vez, sin cansarme.
¡Felicidades David Cook!
(Y el New York Times está de mi lado...)

1 comment:

  1. Jajaja que sadismo Marcela!
    Pero it made me laugh and feel good tambien talvez solo por la convicción con que defendés a Cook (who happens to be way cuter que "el castrado".

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