Por ahora sólo puedo guiarme por los paisajes de plantaciones de naranjas, piñas y otras frutas y verduras, interrumpidas por casas y templos. Voy a tratar de descubrir los parajes con mayor detenimiento en los próximos días. Por ahora, las actividades del día han incluido ver la versión taiwanesa de “American Idol” (al parecer esos programas me persiguen en todas partes) que es ligeramente diferente a la original: los concursantes pasan de tres en tres y al final sólo un juez les da su opinión. Luego demostré mi pobre condición física e inadaptación a la tecnología de punta como sólo es posible gracias al terrible “wii-fit”. Y para aquellos que se lo compraron esperando reemplazar las verdaderas actividades físicas con la consola (pienso en los Herminios en todas partes): eso no es ejercicio, pero es muy divertido. Gracias a todos mis profesores de Step en el pasado, esa fue la única actividad en la que no fui merecedora de carcajadas ininterrumpidas.
29 April 2010
Hell hath no fury like a woman whose favorite contestant was booted from American Idol

El año antepasado botaron a Carly Smithson, mi tatuada favorita, una eliminación que me dolió particularmente porque la compartí con Juank, que se encontraba en los Estados en esos días y a quien obligaba a que votara por ella cada martes por la noche. El gran problema de Carly, y me lo imaginé desde un principio, era su esposo tatuado de pies a cabeza –cara incluida-, y lleno de piercings. En circunstancias normales eso no habría tenido gran impacto, pero en una competencia mitad talento/mitad concurso de simpatía, no es muy recomendable que inmediatamente después de la canción enfoquen al esposo con aspecto de marero. Que de paso nunca sonreía. Carly se esfumó en el olvido de la industria musical, pero su rendición de “Come together” de los Beatles todavía me da escalofríos. Incluso cuando tuve la oportunidad de jugar “Rock Band” y puse esa canción tenía la pequeña esperanza que fuera su versión.
Ese mismo año competía Brooke White, una pianista con demasiadas influencias de Carly Simon, Carole King y Joni Mitchell. Pero era tan dulce y tan talentosa que me hubiera conformado con que ella ganara, a falta de mi otra concursante favorita. Todo iba viento en popa, hasta que una semana se le olvido la canción… Así que ese año la final la disputaron el “hondureño” David Archuleta y el rockero David Cook. Por si alguien no lo recuerda, yo iba por Cook. Para empezar Archuleta escogía canciones horrendas porque a los 16-17 años no se tiene algo esencial para estar en American Idol: CRITERIO. Archuleta era un niño manipulado por su stage-dad que quería hacerse rico a costa de su hijo con talento para no desafinar. David Cook ganó y tuve unos cuantos meses de paz. Hasta que un día iba en la radio, pusieron una canción toda pegajosa que no me podía sacudir por varias semanas, y un tiempo después descubrí que era de Archuleta. Toda una lección en humildad.
El año pasado mi consentido era Adam Lambert, un tipo ya mayor para estándares de estrella pop, tenía 28 o 29 años y mucho tiempo de estar intentando ganarse la vida como cantante. Era extravagante en su ropa y en sus elecciones de canciones, pero nunca era aburrido. La final Kris Allen vs. Lambert resultó en una total decepción con el triunfo de Allen, de quien sólo he vuelto a escuchar una versión de “Heartless” de Kanye West que es mejor que la original. Pero aparte de eso se ha hecho polvo.
Por supuesto, en un concurso de clichés el mío siempre es el rockero. ¿Bo Bice vs. Carrie Underwood? Mil millones de veces Bo Bice. Así como Chris Daughtry y Constantine Maroulis. Ninguno de ellos ganadores. ¿Así que, por qué he continuado y continúo todavía con este ejercicio en masoquismo durante 5 meses enteros en los últimos 7 años (no vi las primeras 2 temporadas)? Porque algún día, tal vez algún día, los gringos aprendan que no hay cantidad de ropa fea y peinados raros que puedan opacar el talento de una persona. Este año la final tenía que ser Siobhan Magnus vs. Crystal Bowersox. Esta última una descendiente de Janis Joplin, con la ropa hippie y el pelo sucio, pero una súper buena voz y presentaciones impredecibles. Crystal ha sido la favorita de los jueces durante todo este tiempo, lo que puede resultar perjudicial ya que la gente siente que no necesita más apoyo del que ya recibe. Siobhan era otra que parecía que casi nunca se equivocaba y esta semana que no tuve tiempo de ver el programa continuaba mi vida con la confianza en que la niña era intocable y que finalmente habían botado al insípido de Aaron Kelly. Pero no me extraña saber que fue en la semana de música country que Magnus fue despachada. Esa música horrible sólo Ryan Adams y Neko Case la saben rescatar.
¡Qué decepción! ¡Qué pésimo! ¿Cómo pudieron haber preferido las cursiladas gastadas de Michael Lynche, o repito, de Aaron Kelly, a Siobhan? Cuando dicen que la nuestra es una cultura en decadencia tienen toda la razón. El mundo se va a acabar y estoy segura que será pronto, porque semejantes injusticias sólo pueden ser señales de que el fin está cerca.
Todos los años escribo este post, pero con la salida inevitable de Simon Cowell después de esta temporada, es casi seguro afirmar que este año será mi último de aguantar la angustia cada martes y tragarme la cólera cuando se deshagan del concursante que debía ganar. La vida es cruel y despiadada, pero ¿no se me puede dar gusto aunque sea en un reality show? Ni modo, ahora más vale que gane Crystal, si no va a correr sangre por este blog.
Los dejo con una de mis presentaciones favoritas, “Paint it black” de la semana tributo a los Rolling Stones.
El hecho de que haya gente cuestionando siquiera si es justo que Cook haya ganado es un signo inequívoco de la manipulación descarada de la que hemos sido víctimas en los últimos cuatro meses de parte de los productores y de los jueces para que Archuleta ganara. He tenido que tomar como válidas todas esas teorías de la conspiración, porque después que nos enteramos, gracias a la despistada de Paula, que los juicios a los concursantes no sólo son emitidos en base a su desempeño en el programa, sino también de los ensayos y pruebas de sonido, cuando criticó una canción que el horrendo de Jason Castro no había cantado aún, era imposible continuar negando lo obvio y evidente. En todos los programas de la competencia en sí, donde era el público el encargado de conservar y eliminar a los muchachos, siempre hubo dos estándares para criticar a los cantantes: el aplicable al minino de 17 años y el que serviría para los demás. Cada semana fuimos testigos de cómo los concursantes eran eliminados por las razones más disparatadas: por haber sido estrípers; por haber tratado de imitar el falsetto de un Steven Tyler pre-cuarenta-cigarrillos-diarios; por tener un brazo y un esposo con la cara tatuada; por querer aligerar las cosas después de una semana terrible con Andrew Lloyd Webber… Los mejores concursantes, los más talentosos, fueron sacrificados al más mínimo faux-pas. Errores que Archuleta muchas veces cometió pero que casi nunca fueron reconocidos por los jueces. A él se le olvidaron las letras en numerosas ocasiones, él cantaba el mismo tipo de melodías sensibleras todas las semanas, él elegía canciones que no fueron comerciales y que no lo serían bajo ninguna circunstancia, y siempre obtuvo el mismo tipo de respuesta: “Qué genial! Qué talento!!” Todo el escándalo que hubo por tener un “stage dad”, que lo manipulaba para que cambiara las letras, para que cantara de cierta forma, nos hizo pensar que probablemente es un niño muy pequeño para entender en lo que se estaba metiendo. Pero cuando cantó “Imagine” por segunda vez en la final, sólo porque había tenido éxito con ella unos meses antes, terminó de demostrar que no tiene personalidad. Simon destruyó a Cook esa noche diciendo que Archuleta había ganado los tres rounds, y que, de la misma forma que su rival, debió haber cantado alguna de las canciones con las que le había ido bien en semanas anteriores, pero Cook le respondió que él miraba esto como una progresión, y que no le encontraba sentido a repetir lo mismo.
Nos fuimos a dormir esa noche imaginando los encabezados ridículos de El Heraldo: “Hondureño gana American Idol”. Estábamos desolados, pero resignados: el chico de las buenas notas pero el cero criterio independiente iba a reinar sobre nosotros. Y que así fuera, después de todo, va a vender más discos el rockero. Pero vimos la eliminación, y hasta el último momento, cuando ya no teníamos esperanzas, fuimos recompensados: por un margen de 12% en los votos, triunfó la sensatez y la justicia. Honestamente, no veo qué ganaban los productores y los jueces con que ganara el niño que ellos favorecían: en estos tiempos ya no es tan vendible la imagen de niño bueno castrado. Pero me encanta ver las caras de incredulidad y depresión de los que ya creían tener a un vencedor en los bolsillos. Puedo ver este video una y otra vez, sin cansarme.
11 April 2021
The Voice como un revelador de las diferencias culturales entre Francia y los Estados Unidos
Venirme a vivir a los Estados Unidos ha marcado una recaída casi total a
mi antigua adicción a la cultura popular (c.f. mi reciente interés por Taylor Swift).
Mi adicción solía ser tan fuerte que solo logré controlarla extrayéndome
totalmente del ambiente donde prosperaba, a.k.a. Honduras, cuando me fui por
primera vez en el 2010 y por segunda vez en el 2013. Sin acceso a un televisor
durante los días de semana, poco a poco fui perdiendo la noción de quiénes eran
los artistas o los programas de moda, con una notable excepción: la versión
francesa de The Voice.
Mientras estuve viviendo en Suiza, la mayoría de los fines de semana me
iba a ver a Jacques a Lyon y él sí tenía televisor. Por suerte, no tenía cable y
por ende ningún acceso a E! Entertainment Television, por lo que pude soportar
ver un reality show sin caer en mis viejas costumbres. Empezamos viendo The
Voice de vez en cuando, las raras veces que regresábamos temprano de alguna
salida o cuando no salíamos los sábados por la noche, pero sin darnos cuenta nos
quedamos enganchados. Llegamos al punto que cuando no podíamos ver el episodio en
vivo lo bajábamos para verlo en otro momento.
Creo que ese año me gustó el programa por ser la primera temporada de
Mika quien, a pesar de que vivió sus primeros años en Francia, tiene
referencias culturales y musicales muy diferentes a las de sus otros colegas
jueces por haber estudiado en Inglaterra. Mika era el único juez que yo
conocía, los demás eran cantantes franceses o canadienses desconocidos para mí.
El participante de Mika ganó esa temporada, un cantante de origen gitano
increíblemente talentoso, Kendji Girac, que ahora tiene una carrera de mucho
éxito en Francia.
El segundo año me enganché porque la nueva juez era Zazie, una cantante-compositora
que me cayó muy bien porque le gusta el rock y en su forma de cantar se nota
que le gustan mis artistas favoritas, como Tori Amos. Vi la temporada siguiente,
pero empecé a perder el interés y ni recuerdo quién ganó. El año siguiente,
Jacques se fue a Turquía por nueve meses y nunca más volví a ver el programa.
Heme aquí en los Estados y le propuse a Jacques que empezáramos a ver la
versión gringa, que nunca había visto. Desafortunadamente, ni Christina
Aguilera, ni Gwen Stefani, ni Alicia Keys son jueces este año. Me tengo que
conformar con Blake Shelton (who???), Nick Jonas (guácala), John Legend (emoji de
persona levantando los hombros con indiferencia) y Kelly Clarkson, la única que
me gusta. A pesar que empecé a ver American Idol después de que ganó, pasé todo
el 2005 escuchando su disco “Breakaway” sin interrupciones, así que le tengo
mucho cariño.
Obviamente, el formato del programa es el mismo en los dos países, pero la
versión gringa y la francesa de The Voice tienen muy poco en común. Más bien,
muestran las diferencias contundentes entre las dos culturas. Empecemos con el
presentador. En Francia, es el periodista Nikos Aliagas, en los Estados, el
antiguo presentador de Total Request Live de Mtv, Carson Daly. Yo no conocía a
Nikos, pero le tengo mucho respeto porque es un buen moderador y entrevistador.
Es serio, pero entretenido y muy inteligente. Después de la muerte de TRL, no
volví a saber de Carson Daly pero, aunque lleva 10 años presentado The Voice, se
ve todo golpeado por la vida y tiene cero protagonismo en el programa. Es todo
estático, no tiene carisma y dice apenas lo estrictamente necesario para que la
competencia siga su curso. Nadie va a notar el día que se vaya.
Es claro que la dinámica entre los jueces y los concursantes franceses y
gringos tiene que ser diferente, pero nunca me imaginé a qué grado. En Francia,
los jueces eran muy amables entre ellos, me los imaginaba casi amigos, yendo a cenar
y a tomar tragos juntos. Me imagino que lo hacen en broma, pero los jueces
gringos compiten entre ellos como que de eso dependiera su próximo cheque. Pasan
peleando tan seguido que eso le quita todo el protagonismo al pobre diablo
muerto de nervios que viene a cantar. La mayor parte del tiempo los jueces no dejan
hablar a los concursantes, no les preguntan nada aparte del nombre y los tratan
de convencer de ir a su equipo recalcando los defectos de los otros jueces, o
argumentando cuántas veces han ganado el concurso.
Exacto, en la versión gringa los jueces se creen los ganadores, como si
fueran ellos los que cantaran. Son tan egocéntricos que da vergüenza. Además, cada
juez representa un género de música y es muy obvio quién se va a dar vuelta por
el candidato dependiendo de la canción. Algunas veces un juez desobedece el
patrón, pero es extremadamente raro que los cuatro jueces compitan por una
misma persona. Esto es muy común en Francia y definitivamente no existe tanta
diferenciación de juez por tipo de música. Y esos sketches dizque cómicos que
hacen los jueces gringos solo muestra que no cualquiera es un buen actor.
Hay que decir que los cantantes gringos son mejores que los franceses.
Suena duro, pero es verdad. Después de todo, el estándar de una voz poderosa es
Mariah Carey o Whitney Houston, en cualquier país que sea. Y con tanto gringo religioso,
cantan más seguido en las iglesias, lo que les da una ventaja significativa con
respecto a los ateos franceses que solo cantan obligados en las clases de
música. Pero porque los gringos son mejores me enoja más cuando eliminan a los
virtuosos que no tienen potencial de estrellas pop, es decir que no son jóvenes,
atractivos o con una historia patética detrás. Casi que parece requisito haber
sufrido para cantar bien, si se cree en los perfiles de los candidatos de The
Voice US. Cada uno está allí porque su mamá fue madre soltera, o ellos son
padres solteros, porque los trataron mal sus compañeros de colegio, porque
tienen una enfermedad incurable, un complejo sobre su cuerpo, o porque no
pueden pagar su alquiler a menos que persigan sus sueños. Sus historias son tan
tristes que ya me volví inmune a sus peroratas lastimeras.
Así que puedo decir que genuinamente me gustaba la versión francesa de The
Voice, con los jueces que yo conocí, porque cuando vi un episodio con los
actuales no me cayeron bien, mientras que me gusta detestar The Voice US, que
es una forma totalmente diferente de consumir un producto cultural. Y esto corresponde
a mi opinión de los dos países, de hecho.
Moving to the USA has signified a complete relapse in my old addiction
to popular culture (cf. my recent interest in Taylor Swift). My addiction used
to be so strong that I was only able to control it by extracting myself from
the environment where it prospered, a.k.a. Honduras, when I left for the first
time in 2010 and for the second time in 2013. Without any access to a tv during
the weekdays, I started losing the notion of who were the hip artists or shows,
with a notable exception: the French version of The Voice.
While I was living in Switzerland, most weekends I traveled to Lyon to
see Jacques and he did have a tv. Luckily, he did not have cable and therefore
no access to E! Entertainment Television, which is why I could stand to watch a
reality show without falling into old habits. We started watching The Voice
occasionally, the few times that we came back early from any outing or when we
did not go out on a Saturday evening, but we got hooked without realizing it.
We even reached the point where, if we could not watch the episode live, we
downloaded it to watch it later.
I think I enjoyed the show that year in particular because it was Mika’s
first season as a judge. Mika spent his early childhood in France, but later studied
in England and so he has different cultural and musical references from that of
his fellow judges. He was the only judge I knew, whereas the others were French
or Canadian singers I had never heard of. Mika’s contestant won that year, a very
talented singer with Roma origins, Kendji Girac, who has a very successful career
in France.
The second year I got hooked because the new judge was Zazie, a
singer-songwriter whom I liked because she likes rock music and it is evident
in her way of singing that she likes some of my favorite artists, like Tori
Amos. I watched the next season, but I started losing interest and I do not
even remember who won. The next year, Jacques left for Turkey and I never
watched the show again.
So here I am in the US and I suggested to Jacques that we start watching
the American version of the show, which I had never watched before. Unfortunately,
neither Christina Aguilera, Gwen Stefani, nor Alicia Keys are judges this year.
I had to settle for Blake Shelton (who????), Nick Jonas (yuck), John Legend
(emoji of person raising his shoulders as a sign of indifference) and Kelly
Clarkson, the only one I love. Even though I started watching American Idol after she won, I spent all 2005 listening to her album “Breakaway” non-stop, so
I have a special place for her in my heart.
Obviously, the show’s format is the same in the two countries, but the
American and the French versions of The Voice barely have anything in common.
Instead, they demonstrate the overwhelming differences between the two
cultures. Let us start with the host. In France, it is the journalist Nikos
Aliagas; in the US it is the former Total Request Live host from Mtv, Carson
Daly. I did not know Nikos before, but I have great respect for him because he
is a good moderator and interviewer. He is serious, but entertaining and very
intelligent. After TRL’s death, I did not know what became of Carson Daly, but he
may be hosting The Voice for 10 years now, he looks beaten by life and has zero
relevance in the show. He is completely static, has no charisma and says the bare
minimum to keep the show going. No one will notice the day he does not show up.
It is clear that the dynamics between American and French judges and
contestants must be different, but I never imagined to what extent. In France,
the judges were very kind between one another, I pictured them as friends,
often having dinner and drinks together. I guess they are joking, but the
American judges compete against one another as if their next check depended on
it. They fight so much that they take the spotlight away from the poor nervous
soul who comes to sing. Most of the time the judges do not let contestants speak,
they ask them no questions besides their name and try to convince them to join
their team by highlighting the other judge’s flaws, or arguing how many times
they have won the show.
Exactly, in the American version the judges think they are the winners,
like they are the ones doing the singing. They are so self-centered it is embarrassing.
Besides, each judge represents a genre of music and it is obvious who will turn
for a candidate depending on the song. Sometimes a judge will go against the
pattern, but it is extremely rare that all four judges compete for the same
person. This is very common in France and there is definitely no clear
differentiation of the judges according to the type of music. And the so-called
funny sketches of the American judges only show that not everyone can be a good
actor.
It must said that the American singers are better than the French ones.
It sounds harsh, but it is true. After all, the standard for a powerful voice
is Mariah Carey or Whitney Houston, no matter the country. And with so much religious
Americans, they sing more frequently in their churches, which gives them a
significant advantage to the French atheists who only sing when they are forced
to in music classes in high school. But that the Americans are better only annoys
me more when the really talented ones are eliminated because they have no pop
star potential, meaning they are not young, good looking or with a pathetic history.
It almost looks like a requisite to have suffered to sing well, if you believe
in the profiles in The Voice US. Each one of them is there because their mother
was a single parent, or they are single parents, or because they were bullied
in high school, have an incurable disease, have body image issues, or because
they are not able to pay their rent if they do not follow their dreams. Their
stories are so sad that I became immune to those pitiful speeches.
So I can say that I genuinely loved the French version of The Voice,
with the judges I knew, because I watched one episode with the current ones and
did not like them, while I love to hate The Voice US, which is an entirely different
way of consuming a cultural product. And this matches my opinion of the two
countries, actually.
Claro que es broma, la final debió haber sido entre Lakisha y Melinda. Si tan sólo hubiera justicia en el mundo.


El restaurante de los Rubino es de tendencia oriental y hacen un montón de comidas pequeñitas donde experimentan con recetas moleculares como Ferran Adrià en el Bulli. Ellos representan todo aquello de lo que Anthony Bourdain huye en su programa: son elitistas, gourmet (que significa minúsculo), snobs y ¿qué tipo de autenticidad es ser canadiense y especializarse en comida japonesa? Hay que ver su programa por la misma razón por la que vale la pena ver “Project Runway”: uno se identifica con los niveles de tensión y angustia que inevitablemente se relacionan con trabajar en algo artístico que tiene que ser de calidad y al mismo tiempo satisfacer a un cliente que no tiene idea de lo que cuesta fabricar aquello que él destroza con sus críticas pero los resultados son preciosos e inspiradores. Lástima que al mismo tiempo se vea caro e insatisfactorio; después de ir a Rain uno seguramente se ha de ir a comer comida callejera para terminar de llenarse. 



18 April 2008
Ginnungagap is the black hole from which everything came out and into which everything will return in the end
Era la mañana del martes, siete de la mañana, parque del edificio de Economía. Me consumía del sueño, y la perspectiva de repetir como loro me parecía atroz. La somnolencia nubla el juicio, pero es sorprendente: deja un hueco por el que se filtra un poco de atención, y como es un agujero minúsculo, te centras en una sola cosa y esa cosa se pega rápidamente. Tu cuerpo está tan exhausto que la mente llega a asimilar porque la voluntad no tiene la fuerza para desobedecer. Para el día siguiente, tenía que llevar algo para diseño, aunque sea un intento malogrado de corte. Es increíble la nada que presentamos una y otra vez en esa clase, pero es que estamos demasiado concentradas en otras cosas, no es mala intención… Y pasé mi tarde entera haciendo el volumen de mi pobre museo, que cada vez que abro su archivo me ve con esos ojos lastimeros de niño abandonado. Lo siento tanto. Medio repasé en la noche, después de American Idol por supuesto. Fue la noche que descubrí el increíble poder somnífero de las reglas para el uso de la bitácora.
Miércoles en la mañana: frente frío. Parecía mujer musulmana, vestida de negro de pies a cabeza, con la cabeza y la cara cubiertas. Guantes, botas, café caliente, el viento se reía de todos mis artilugios y atravesaba sin dificultad el hueso escuálido que soy. Miércoles en la tarde y noche: plano de escaleras. Yo juraba que era muerto de risa, que mi increíble capacidad para la modelación en 3D me iba a permitir empezar a investigar escaleras metálicas a partir de las 8, dibujar en una hora y media, dormirme a las 11. Eran las 11 y media y no encontraba ningún maldito detalle que mereciera ser plagiado, y estaba al borde de la desesperación cuando me llega el mensajito salvador “No hay clases mañana, dijeron en las noticias”. Me acosté viendo Ugly Betty. Tengo una turba enardecida que agradecer por ello.
Y el jueves, fue el paro cívico de mi sistema. Nada logró que me levantara temprano. Me senté frente a mi escritorio, para morirme del sueño a la mitad de un texto. Continué durmiendo en la tarde, y por la noche, ya no había mucho que hacer. Me rendí. Me fui a pasear al supermercado un rato; me acomodé para seguir leyendo la historia de los orígenes primitivos de la organización familiar.
Obviamente descansada, llego hoy a la universidad. “La hemeroteca va a estar cerrada por la mañana el día viernes 18 de abril.” Ni modo, a la escandalosa y tufosa biblioteca central, entonces. Repasé, y ya a las 9 y media encomendé mi alma en las manos del Señor. Hora y fracción en diseño, tratando de convencer al arquitecto de que sí hemos trabajado. Y después, nos ponemos a “estudiar” con Deysi y Cinthya. Es inútil, el reloj sigue corriendo, y es imposible aprenderse la estructura de una licitación en menos de quince minutos. Vamos al aula, con un aire de resignación sobre nuestras cabezas. Cinthya me pone a explicarle el quinto hábito de la gente altamente efectiva, que seguramente va a entrar en examen, y en medio de mi perorata: zás! Llegó el ingeniero y en mi cabeza sonó ese acorde. El acorde de esa canción que habla de la creación del mundo, qué gran ironía.
Y por las siguientes dos horas me dediqué a vomitar todo lo que sabía con respecto a los términos legales de la programación de obras.
Mi padre se acerca a la puerta y empieza a gritar. Aporrea la puerta, seguramente la quiere tumbar de un golpe ya que TODO mundo en esta casa sabe que yo me despierto fácilmente. No le puse llave, por qué carajo simplemente no la abre. No es suficiente con el escándalo del enfrentamiento allá fuera, tengo que lidiar con la falta de sentido común de los adultos: estoy somnolienta, pero la Furia trabaja las 24 horas y siempre está lista para atacar. Por qué gritas, por qué golpeas la puerta, está abierto, qué pasa. “¿Por qué tenés esa cara?” (Porque me da tanto gusto que seas tan tarado.) Qué pasa. Pone su cara de orgullo herido, y por ende enojado: “nada, olvidalo”.
Salgo en mi pijama de shorts indecentes y mi camisa a punto de morir, me acerco a la ventana que da a la terraza. Está subiendo humo del patio de abajo. Pero no es humo de incendio, los incendios son silenciosos. ¿Quién es este hombre sosteniendo un arcabuz de donde seguramente sale el humo? ¿Por qué se acerca a la puerta con intenciones de entrar? Me escondo rápidamente en mi cuarto. A los pocos minutos, el inescapable olor a veneno justifica el escándalo. Mi hermano me explica que seguramente a alguien de la colonia le dio dengue para que se vean en la necesidad de fumigar por estos rumbos, que uno jamás consideraría insalubres o de riesgo (la decadencia es de otros tipos). Por supuesto, en la alcaldía no les importa que esta sea la temporada de audiciones de American Idol para un montón de pájaros de colores, que se acercan en las mañanas. Hoy no llegaron.
Internamente, el resto de mi día se malgasta en repasar el despliegue de inmadurez de mi padre. Es el problema de la adolescencia en plena senilidad. Ya tiene 50 (?) años, cuándo va a crecer??????
15 June 2011
Si mi madre me hubiera dicho que hiciera deportes para crecer y así poder ver mejor en los conciertos, probablemente le hubiera hecho caso
El pasado 4 de junio se organizó en Pessac un festival llamado “En bonne voix” (En buena voz), que reunió a 9 artistas en un parque lo suficientemente grande para instalar tres escenarios, un área de comida y con espacio de sobra para los que preferían jugar fútbol, basket-ball o tennis, y no estorbarse mutuamente. Con tanta diversidad era necesario elegir los artistas que te interesaban, pero nosotros sin conocerlos (y con unas descripciones completamente indescifrables en el programa) caímos por casualidad en tres conciertos, antes de ver a la estrella de la noche, Camélia Jordana.
La tarde empezó con Yvan Cujious, del que recuerdo que su música era agradable y que por alguna extraña razón emocionaba particularmente a los niños, que sin duda fueron los que más disfrutaron sus canciones. La segunda artista que vimos fue Julie et le vélo qui pleure (que se traduce como Julie y la bicicleta que llora), una cantante/compositora que toca el piano y la guitarra, es decir mi tipo de artista de predilección… en teoría. En la práctica su música era algo aburrida y más de una vez la gente no se dio cuenta que las canciones habían terminado y no sabían si aplaudir o no.
Decidimos entonces refugiarnos en el concierto de Moussu e lei jovents, un grupo sureño con algunas influencias country que cantan mucho en occitano. Estaba repleto y es que eran muy carismáticos.
Nos quedamos a ver Edgar de l’Est porque los describían como cantantes muy representativos de Bordeaux, con una trayectoria de muchos años. Es un grupo que toca las canciones que uno se imagina como el cliché francés, especialmente después del éxito de la película sobre Edith Piaf: canciones de lamentos cantadas por una mujer con una instrumentación relativamente sencilla. Estuvo… interesante.
Entre conciertos aprovechamos para ir a comer algo. Podíamos elegir entre una diversidad de tiendas que ofrecían comidas de todo tipo, de varias regiones de Francia y hasta internacionales, como comida china y portuguesa. Pero una de las tiendas tenía una barbacoa y donde hay carne asada siempre estaré allí. Sin embargo, era carne a la parrilla conceptualmente diferente de lo que estoy acostumbrada: te la servían como sándwich en un pan baguette sin absolutamente ningún acompañamiento como encurtido, lo más que ofrecían era salsa de tomate, mayonesa y mostaza (picante! mi favorita). Probé el merguez, una salchicha picante y pato asado.
Como dije antes, el evento principal era la participación de Camélia Jordana, una antigua concursante de la Nouvelle Star, el equivalente francés de American Idol. Como podía esperarse era una cantante pop, con una excelente voz y a pesar que es muy joven, tiene muy buena presencia y desenvoltura en el escenario. Fue muy divertido verla en vivo e hizo una interesante versión de “Walk like an egyptian” de The Bangles que dedicó a los países africanos que han atravesado o están en plena transición política.
Yo la conocía por esta canción:
que está tan divertida que me dio ganas de ir al festival en primer lugar. Valió la pena la excursión. El sábado pasado fue el día del orgullo gay en Bordeaux. Se hicieron desfiles por toda la ciudad pero nosotros llegamos al apoteosis en la plaza de Quinconces.
Un dj estaba a cargo de la ambientación y luego la fiesta continuaba por la noche en una discoteca muy conocida, pero nosotros estábamos invitados a una reunión en nuestra residencia. Así que sólo escuchamos Lady Gaga al aire libre y luego regresamos a casa.
Ayer hubo un concierto en la plaza de la Victoire que reunía tres artistas: el grupo emergente Namasté, Puggy y Julien Doré, también ex-alumno de la Nouvelle Star.
Namasté estuvo bien, nada memorable en particular.
Por el contrario, Puggy sí es altamente recomendable. Son rock-pop muy buenos, tan buenos que fueron capaces de hacer un buen cover de “Toxicity” de System of a down, que originalmente no es de mi agrado.
Y la noche terminó con Julien Doré, un tipo que si hubiera visto a los 17 años hubiera hecho que abandonara mis estudios para seguirlo por el mundo. Era el hombre ideal de ese entonces: flaco, peludo, desaliñado y que da la impresión de ser inteligente. Su música es también pop-rock, muy bien hecha y excelente para escucharla en vivo.
Aquí lo vemos haciendo su mejor impresión del bajista de Rage Against the Machine en los VMA’s del 2000 en los que se subió por una escalera en el escenario:
En una de las canciones Puggy lo acompañó para cantar juntos:
Y se echó unos excelentes covers de “Boys don’t cry” y “Creep” en versión light-jazz que me encantaron.
Total que mi primer día de vacaciones lo he dedicado a bajar música.
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