03 January 2009

El síndrome de Estocolmo

Muchas veces he llegado a preguntarme si algunos aspectos del machismo o de las reglas que se han inventado para las mujeres no son algún tipo de mecanismo para protegernos, protegernos de nosotras mismas y de los posibles “peligros” o consecuencias que resultan de tener el cuerpo que tenemos. Probablemente esto me haga parecer simpatizante con los opresores, pero tal vez es que en el fondo al prohibirnos salir a la calle solas cuando estamos pequeñas, que seamos inevitablemente marcadas con la “letra escarlata” en cuanto tenemos novio o que sea mal visto que decidamos tener una vida marital sin el papeleo legal o religioso sea una forma de impedir que terminemos embarazadas prematuramente de hombres que no se quieren responsabilizar por sus hijos ya que no tienen ataduras de ningún tipo, ni que terminemos cuidando a cinco niños de cinco padres y por ende perdamos cualquier autoridad moral para aconsejar a las mujeres que han de venir después. Tal vez todo esto sea buena intención mal dirigida, pero mal expresada: este terror que se infunde sobre lo que es capaz de provocar el cuerpo de una mujer me hizo creer de pequeña que los hombres eran aquellas criaturas horripilantes, sedientas de sexo y necesitadas al extremo que miraban a una mujer mal parada en la calle y no podían controlar el impulso de abalanzársele encima y poseerla en cualquier matorral. Yo salía a caminar con la paranoia de que me podían violar en alguna esquina.

Planteo este asunto porque me he dado cuenta que yo puedo ser una persona con metas, enfocada en lo que me gusta, inteligente, exitosa académicamente, con buenos modales y con un comportamiento en sociedad que Emily Post tendría poco que corregir, pero en el fondo sigo siendo una mujer, una posible incubadora que corre el riesgo de echar todo a perder si hago algo malo con mi cuerpo o si doy paso a que la gente piense que lo estoy haciendo. Porque ese es otro componente, el más incomprensible en mi opinión, sobre tener este físico: al parecer es asunto de todos. De forma superficial están los comentarios ridículos de qué delgada estás o cómo has subido de peso, provenientes en su mayoría de señoras que ya perdieron la belleza de la juventud y quieren que todas las demás tengan su mismo destino. Pero también están los que atribuyen algún tipo de virtud a sólo haber tenido un novio toda la vida, y si tuvo varios está mal, y si vivió con alguno sin casarse es una prostituta y si se acuesta con muchos hombres no ha de ser inteligente y eso la hace perder todo valor como persona, y todos ellos se creen tan limpios porque pueden hablar mal de alguien cuando no tienen en cuenta sus propios defectos.

Es tan absurdo si me pongo a pensar en cómo mis rasgos materiales me parecen componentes adicionales y no lo más valioso que tengo. Hay todo un sistema social, moral, religioso y familiar diseñado específicamente para decirme cómo usar mi cuerpo o cómo aparentar que lo uso para no sentirme indigna y sucia ante el mundo, pero cuando me veo en el espejo no puedo evitar preguntarme quién es esa persona, y si este pelo es muestra de lo que he vivido, si mis ojeras son a causa de lo que he leído, o si estas piernas son algún reflejo de seis años de estudio universitario, de hablar tres idiomas o de poder hacer excelentes cheesecakes. Porque este aparato cambiante me es extraño, es sólo un vehículo, y me parece risible que la gente le conceda tanta importancia. Todos quieren proteger mi cuerpo, alejarlo de los depredadores en la cima de una montaña y por si acaso ponerle un cinturón de castidad, pero ¿quién se preocupa de mi mente o de mis sentimientos? Tanto resguardo físico cuando uno se está pudriendo por dentro, como si lo esencial fuera estar casta y pura sin importar lo amargado y cínico que se perciba el mundo. Al final es muy fácil prohibir, gritar y castigar: quisiera ver a todos esos moralistas dando un verdadero ejemplo, estableciendo mejores relaciones con su familia, enseñar lo importante sin detenerse en idioteces cómo qué va a pensar el vecino de mí.

5 comments:

  1. Es tan bueno esto que escribiste que mirame, te comenté.

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  2. Desde joven termine en la conclusion de que los comentarios de la gente, cercana o no cercano, llegan a robarte la felicidad...

    Tomar lo que se tiene que tomar y dejar lo que se tiene que dejar... que si hay que aprender sea bajo nuestras propias experiencias...

    dice Arjona... (y sin daños a terceros va... solo soy fiel a la letra)
    "Por hoy dejame ser tu hombre perecto, mientras te aparece el indicado,
    Para casarte buscate un arquitecto,
    pero para hacerte el amor, un desalmado...
    lo nuestro no pregunta por futuros, lo nuestro durara mientras dure..."

    Gran Marce... las mujeres visionarias, siempre fueron incomprendidas porque rompian con las creencias de sus pasados...

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  3. Justo ayer escuchaba a ciertos parientes míos hablar sobre la vida de una mujer que, aunque no conozco, me es cercana. Muy en mis adentros, por el respeto que me merecen, no pude menos que repudiar todo aquello; porque para ellos también es otra extraña más y nunca ven hacia sus adentros, ni la propia peste que dan al mundo.

    Poco a poco he abierto mi mente y eso que vengo de una familia tradicionalista, por lo que conservo ciertos resabios; pero siempre he creído que existen conceptos fundamentales en la vida como la conciencia de la libertad, la libre elección y que cada persona de acuerdo a sus decisiones produce su propio Karma y, si te centras en esas ideas, de entrada eso nulifica cualquier posible crítica a un modo de vida; puesto que todo "rol" resulta de una serie de costumbres subjetivas. Esto me ha permitido mantener amistades diversas y son muchos los comentarios como "¿por qué alguien como vos con X comportamiento tiene un amigo(o amiga) con Y comportamiento?"; sencillamente es porque respeto las elecciones que hacen y, de ser necesario, me limito a darles A ELLOS mi opinión sin esperar que la acepten.

    En cuanto a lo de las reglas machistas consideradas como protección de la mujer, pues no deja de tener cierto sentido lo que dices; pero las mujeres están en su derecho, tanto como los hombres, de elegir (vuelvo al pricipio)y no son meros objetos inconcientes que deben ser protegidos; porque, lo queramos o no, el mundo siempre será el mundo y ellas, como seres libres, entienden los caminos que existen. Hay que recordar también que estas reglas producen estereotipos, al crear roles tan marcados se tiende a establecer una discriminación hacia toda aquella que se sale de "lo normal" y también da lugar un dominio totalitario de un sexo sobre el otro; todo con el fin de mantener "la normalidad" o darles "protección".

    Como siempre tus entradas resultan interesantes y por eso me extiendo tanto en mis respuestas. Feliz año nuevo para tí y para los otros lectores de este blog.

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  4. No que sea abogado del diablo, ni busco establecer normas morales, pero... es posible que mucho de lo que se 'administra' tu físico tenga que ver con buenas intenciones. Al fin y al cabo, son menos las consecuencias negativas de la 'castración mental' que leo entre líneas, que de las oportunidades que se pierden cuando una persona no cuida ese otro aspecto (preguntemos a las madres solteras, recordá que vos misma hiciste un post de eso reciéntemente refiriéndote a la gente que se casa apresuradamente, por ejemplo).

    Yo supongo que mucho de esto tiene también que ver con la experiencia, la vida no se ve igual desde donde estás que desde donde la ve un padre con respecto a sus hijos, que ha visto bastante. Un padre puede decir que ha vivido lo que vos vivís (aunque a veces parezca que lo olvida pero es cierto), nosotros no podemos decir eso... o sí?

    No digo esto para hacerte pensar en que consideres covnertirte en 'Snt Dark Girl', pero la verdad, tampoco hay que ver el tema de la sexualidad como un simple acontecimiento físico. Entender que se produce (conscientemente o no) un ligamen más fuerte de cualquiera de los dos lados, es saludable. Es posiblemente lo que en el fondo quieran decir quienes quieran imponerte, aunque es obvio también que no usan el mejor de los métodos para razonar. Eso respecto a lo que mencionas de lo moral.

    Respecto a tu físico (entiéndase apariencia), la gente es cruel. He llegado a concluir que de alguna forma este asunto de fijarse en lo físico es un juego del que nadie sale inocente desde que pasas la adolescencia. Somos crueles y son crueles con nosotros. Cuando tenía que pasar por la casa de uans vecinas por ejemplo, expresiones como 'que asco', 'que horrible', o 'que hijo... mas feo', eran escupidas sobre mí por un poco de muchachas y sus novios que vivian cerca. En mi caso, no dijeron gran novedad, en tu caso te anticipo: vos sos linda (que tu novio no me lo tome a mal, lo digo con todo respeto).

    Ahora, cuando yo tenía 20 años y pesaba 98 míseras libras, era inevitable que todo el mundo pensara que yo tenía alguna enfermedad mortífera que acababa conmigo... mi abuela, mis padres, y muchos incurrieron en muchas frases que a veces cayeron en hirientes... pero con todo y todo, ahora entiendo que no iban con mala intención sino que (aunque es un error) buscaban hacerme actuar a ver si podía mejorar lo que a sus ojos era un grave problema de salud. No será que pasa algo parecido?

    Si no fuera el caso, y los comentarios buscan solo denigrar, se me ocurre que vale mas estar uno tranquilo con lo que tiene, y como dijiste bien, pensar en el cuerpo como un vehículo para una inteligencia que anda corriendo calle, en este caso la tuya. Y como djo Páez, 'no es bueno hacerse de enemigos que no esten a la altura del conflicto'.

    Tal vez, todo lo que acabo de decir, pueda evidenciar que yo también caí en el sindrome de Esto-es-el-colmo...

    En todo caso, que fortuna leerte, sin nada de eso interfiriendo para saber que sos un gran ser humano.

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  5. Anonymous11:17 AM

    Me parece que igual de perplejo respecto a su cuerpo y a su papel en la sociedad está un hombre que una mujer. Al final su forma de encarar las convenciones sociales, los prejuicios, y otro montón de cosas, sin importar su sexo, su estatus social, su sitio de residencia y su educación, dependerá de su particular visión del mundo, su carácter y su habilidad para sortear inconvenientes o darles batalla. O seguimos adelante o nos quejamos todo el tiempo sin hacer nada o nos quedamos a mitad del camino, llorando sobre leche derramada.

    Ricardo

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