23 January 2009

Hot child in the city

La gente siempre trata de atribuirle personalidades a las ciudades, especialmente a las grandes, icónicas y publicitadas, pero probablemente nuestro pequeño pueblo aspirante a ciudad sí tenga una forma de ser propia, que se nos termina colando en los poros a aquellos que habitamos en ella. Sin embargo, yo no puedo hablar de toda la ciudad. Por muy snob que suene, mi radio de influencia, y tengo que aceptarlo de conocimiento también, se reduce a las zonas aledañas al Boulevard Suyapa, haciéndole un offset de unos cuantos metros que abarque el Boulevard Morazán, que incluya una parte del Centro, sectores seleccionados de Comayagüela y por supuesto mi ruta al colegio, con algunas partes del Boulevard de Plaza que debería saber cómo se llama, pero no recuerdo en este momento. Esto significa que mientras haya un bus que pase por estas zonas, mi vida está en orden y sé cómo regresar a la casa. Hago hincapié: un bus, no un taxi colectivo, mucho menos un taxi directo. Cuando pienso en estos últimos me pongo automáticamente a calcular en lo que gastaría en un viaje; en dos si es que tengo que ir y regresar; en 10 si tengo que ir de lunes a viernes, y en 40 si tengo que ir todo un mes. Y eso esperando que no tenga que ir los sábados a dicho lugar. Soy feliz en un bus; en mi cabeza es lo más cercano que tenemos a un metro. Siento hasta la libertad de hablar por celular en ellos, porque sinceramente, me apiado del que quiera robárselo, el dolor de cabeza que va a tener. De las primeras cosas que aprendí cuando me matriculé en la universidad y me tocaba andar sola por la ciudad fue a poner cara de que ya le había pagado al cobrador. Desde luego que siempre pago, pero la primera vez que me fui sola y el tipo me volvió a pedir dinero a pesar que ya se lo había dado le pregunté si es que acaso no recordaba que ya le había pagado (y me preguntaba por dentro si es que tenía que pagar por cada estación que recorría, pequeña ingenua yo…).

Pues hoy el ingeniero publicó la nota en internet de la última clase infernal que alguna vez tendré que cursar en esa universidad demoníaca. La tuve que ver en la página de registro porque ayer que supuestamente las daba por teléfono se rehusó a contestarle a todos mis compañeros. Y yo estaba a la mitad del Boulevard Morazán, caminando hacia Metromedia, cuando no soporté, me metí a un cyber café y salí como una egresada de Arquitectura. Pero me adelanto a mi historia.

El miércoles supuestamente era mi examen final y la entrega del proyecto. Se nos había dicho que el examen era ineludible, pero a la hora de la hora el proyecto fue nuestro examen, por misteriosas razones que nadie conoce. A pesar de que nuestro proyecto con Deysi estaba completo y muy bonito, eso no me aseguraba nada según la reputación del maestro que le atribuyen todas las personas que han cursado clases con él. Así que la espera que había comenzado desde diciembre del año pasado, que había arruinado las fiestas y me había amargado estas últimas semanas se seguía prolongando. Aún así me decidí a buscar dónde hacer la práctica, pero empecé mal. Con varios rechazos pero ofertas al otro lado de la ciudad. En un lugar inhóspito, lejano, lleno de tráfico y donde honestamente no sé ni dónde es, ni cómo llegar.

Se me vino el mundo encima. ¿Qué pasaría conmigo si el único lugar que me aceptaba para trabajar iba a ser a cuatro horas diarias de taxi de mi casa? Lo único que me sirvió de distracción mientras decidía qué hacer y esperaba la llamada fatídica del ingeniero fue irme a caminar con Moisés. Antes solíamos hacerlo muy seguido: irnos a buscar pollo frito por Plaza, o irnos al Mall sin ley, pero ahora se sentía como si apenas fuéramos unos jóvenes novatos. Buscando un libro de Español de quinto grado para su mamá nos fuimos a la Pedagógica; de allí nos enviaron a la Guaymuras de Santa Mónica antes de la Kennedy. Tampoco lo tenían y nos fuimos a Comayagüela. No me lo quiero imaginar al pobre Moisés aguantando mi humor nefasto: el ingeniero no contestaba el celular, y varios de mis compañeros me llamaban para preguntarme si sólo a ellos les pasaba lo mismo. Terminamos en el Centro, en la Catedral y luego caminando en la Peatonal. Me invitó a una crepa de un lugar todo elegante al que quería ir desde hace tiempo. Y regresé a la casa a rumiar mi desgracia porque una de mis compañeras finalmente habló con el maestro que le dijo que hasta hoy en la noche nos iba a dar las notas.

Hoy me levanté temprano porque a las 7 de la mañana íbamos a exponer nuestros proyectos de Diseño ante las autoridades de la Facultad de Ciencias Médicas. El primer grupo mostró su proyecto: los doctores empezaron a hacerles preguntas y observaciones. Pasa el segundo grupo; igual. Pasamos nosotras, y no sé si fue el cansancio de la gente que ya se quería ir, o que de verdad los nervios nos emocionaron, pero a la gente le gustó! Salimos muy contentas porque nos felicitaron, pero faltan otros tres grupos por exponer el otro jueves, así que todavía nos pueden desbancar el triunfo como sucedió en la entrega del proyecto en la facultad.

De allí nos fuimos a recorrer la ciudad con Moisés, a buscar trabajo, comida y distracción. Fue la asoleada y la caminada de nuestras vidas, o por lo menos de hace muchos años. De la universidad a la Florencia, de la Florencia a la universidad. De la universidad al inicio del boulevard Morazán, donde cuesta cuatro pesos el bus! Yo no tenía idea. A mitad del camino no soporté más: ya me habían avisado por teléfono que la nota estaba en algún lugar del espacio, y el celular de Moi no quería mostrarla, así que pagué exactamente un lempira por el minuto que estuve en el cyber. El lempira mejor invertido de mi vida.

La ciudad es diferente cuando ya no estás sometida a los caprichos de maestros, a las entregas y a las desveladas. La comida china sabe mejor, la falta de aceras no es un problema tan grave, y el tráfico es una buena oportunidad para cruzar la calle. Esta es una ciudad amigable, a pesar que hay que andar con cara de que lo sabes todo para que no seas presa fácil de los asaltos, y aunque no sea recomendable recorrerla en carro por el congestionamiento, en taxi por el precio, o en bus por el reguetón. Las distancias son cortas, especialmente si andas con un amigo que te acompaña y se asolea con vos. Terminamos en café Paradiso porque nunca supimos en qué bus subirnos para ir de Los Próceres a la universidad. Y ya que estábamos en el Centro pensábamos descubrir de una vez por todas el punto de buses de la Isla, pero había una huelga que tenía a varios policías desviando el tráfico. Rodeamos el puente Mallol para regresar cerca de la Isla y de allí volver a casa.

Adoro Tegucigalpa: es la ciudad donde crecí, estudié, egresé de Arquitectura y pronto haré mi práctica. No me imagino vivir en otro lugar de Honduras. Tal vez en La Ceiba. O en Islas de La Bahía. O en Copán…
Moisés y yo caminando por la calle:

5 comments:

  1. Pues te felicito, Marcela. Me alegro mucho y ojalá te vaya bien con la práctica y esas cosas de gente graduada.

    Pucha, ese cri-cri... es la mamá. Se pone mejor y mejor con el tiempo.

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  2. Magnánimo, exquisito, aaah este relato tiene un sabor que solo tu puedes darlo, jajajaja sinceramente me ha dado mucha gracia las pericias que has tenido...dejame decirte, ya tiempo hace que no voy a Tepaz, y las veces que voy pues si me toca visitar familiares o amistades, pago taxi o similares, aunque no lo creas, lo siento mas barato alla que acá en jan pietro.

    Me alegra por lo de la presentación primero Dios te salga todo bien y tengas mucho exito eh, como siempre, de todo corazón lo deseo para vos.

    Sobre Tepaz como ciudad, bueno, dejando de lado las discrepancias y altercados regionales, no es una mala ciudad, solo que siento que crecio al molote... bueno aca tampoco esta lejos de ello... pero desde que yo viví en Teguz hace muuuuuuuuuuuuuuuuuuucho tiempo atras, siempre tuve la impresión de que sus colinas me deborarían, que bien me perdería...eheemm ehemm,me pierdo todavia asté...bueno, caminando por esas calles, en el centro, en Comayagüela y cercanos, nunca encontraba norte, siempre andaba perdido, ya los recuerdos están que casi se disuelven.

    Me acuerdo cuando me subía a lso buses de la Miraflores y no existía el regueton, aaah si era chevere...beh ya me acorde de varia cositas mas ...aaaah que niñez...
    Creo que me he de retractar en ciertas cosas, parte de la infancia, en verdad fue muy buena pasarla en Tegucigalpa, hay buenos recuerdos a pesar de todo, hay buenos recuerdos.

    Bueno me extendí demasiado con esto, en todo caso un fuerte abrazo y mis mejores deseos para tu vida.
    Dios te bendiga.


    @ D.
    AMEN! ese Cri Cri es viajada! que cacahuate de risa. :D

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  3. Mis disculpas, no pude con la tentación y me empezé a bajar toda la discografía de Cri-Cri.

    Por cierto, al escuchar la rolita que pusiste, me he doblado tanto de la risa que ya mis compañeros se estan preocupando sobre mi salud mental...yo tambien, pero no me ocupo de ello, las ardillas me dijeron que no le parara bola a la voz en mi interior. Todo chevere, todo calidad xD

    Hoy si, cambio y fuera.

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  4. Pucha Marce, también del otro lado del charco se viven las mismas cosas. Creeme, yo llevo como mil rechazos de práctica. ajjajaja Espero encontrar una pronto. Ánimo muchacha

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  5. Esta vacio subale...
    y traiga vuelto por favor,
    en esa silla caben tres,
    y son dos filas para dos...

    Y agarrese bien porque vamos a volarrrrr...

    hey tita, peguese, peguese... psaje, psaje...

    Buenoooooo,realmente Honduras es un paraiso...

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