28 April 2006

la naturaleza transitoria de los amigos

Estos últimos meses he tenido la espina de ver cómo me alejaba cada vez más de una amiga, con quien fui muy cercana desde que entré a la facultad, hace tres años. Todo empezó cuando me di cuenta que la increíble confianza que yo tenía en ella, no era recíproca, y que otra amiga que teníamos en común había tomado mi lugar, o mejor dicho, adquirido el que yo creía tener.

Con mi mejor amiga de toda la vida también pasó algo similar. Nos conocemos desde que tenemos uso de razón, la respeto, la admiro y la adoro con toda el alma, pero ella no me busca cuando tiene problemas. Ella no me cuenta qué hay de nuevo en su vida, nunca me llama para tener una plática profunda sobre el significado de su existencia, o de la mía. Y ahora tiene otros amigos que son con los que sale a tomar café y relatar sus más recientes aventuras.

Cuando esas cosas me pasaban tenía tendencia a preguntarme qué era lo que yo estaba haciendo mal. Soy una descarada exhibicionista emocional y que la gente fuera reservada conmigo me parecía un signo de desconfianza, de indiferencia. Tuve que aprender a aceptarlo. No puedo exigir de los demás cierto comportamiento; puedo dar, pero no esperar recibir nada a cambio. He tenido la fortuna de encontrar ciertos amigos con quien pareciera que nos conocíamos antes de habernos visto. Y en vista de las circunstancias pasadas, me pregunto qué camino va a tomar nuestra amistad. Por que he descubierto que no es la cotidianidad lo que refuerza un lazo: la rutina no garantiza nada. Hay amigos que están a lo lejos que me encantaría que supieran que nunca me olvido de ellos, y que comparto sus tristezas y sus alegrías. Suena gastado, pero es cierto.

A pesar de las distancias, a pesar de las nuevas interacciones que conlleva la madurez, son necesarios los amigos cercanos. No los que se limitan a acompañarte al cine y se toman una cerveza contigo, sino los que te toman de la mano y se preocupan por mantener una conexión, por evolucionar junto a ti, por enseñarte y aprender, por verte vivir y no enterarte una vez al mes de cómo te ha ido. He dejado de esperar que esas personas permanezcan conmigo toda la vida, o que sea una sola persona y borrar al resto de la humanidad del mapa. Son diferentes personas para diferentes etapas. Agradezco mucho a las que tengo en este momento. A veces olvido que eventualmente se van a ir, me van a reemplazar o que todo se va a enfriar. Otros días lo tengo presente, como hoy.

2 comments:

  1. Me gusta creer que lo nuestro no acabe. Es un pensamiento muy personal y quizás en algunas instancia muy utópico: tantas cosas en qué pensar. Pero ¿para qué pensar que en algún momento se puede ir? Mejor pensar en cuánto lo estamos disfrutando. En todo por lo que hemos pasado. No vivir del pasado, si no recordarlo y reirnos ambos por las cosas que hemos pasado. Claro, no a modo de burla, si no más como algo que fue increíble y que tuvimos la dicha de haberlo vivido juntos.

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  2. Anonymous12:43 AM

    Los marcos subyacentes en las relaciones interpersonales son totalemtne subjetivos y sólo están en tu cabeza, hoy podés decidir que tu mejor amiga es esta o aquella, no te lo tomés tan en serio, la gente se va y viene y los que se van pueden volver.
    La gente se aleja emocionalmente y puede volver a tu intimidad si se lo solicitás.
    Una amistad enfirada se puede volver a intensificar, yo creo que lo mas difícil mas bien es quisarse a la gente de encima, eso si que que puede ser fastidioso.
    Hay que ser honesto eso sí, muchas veces por puro orgullo no nos atrevemos a solicitar la compañía y la intimidad de gente que acabamos de conocer o de gente que se ha alejado.
    Todo está en tu cabeza, las mejores amigas son títulos, etiquetas que sólo exiten en tu cabeza. Tranquilidad, todo puede ser mas fácil.

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